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El desafío ya no es solo frenar la inflación

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23.08.2026

Durante mucho tiempo, hablar de inflación en Bolivia parecía una conversación reservada para economistas, autoridades o analistas. Hoy ya no. Hoy la inflación se conversa en el mercado, en la tienda del barrio, en la oficina, en el taxi y, sobre todo, alrededor de la mesa familiar.

Por eso las últimas cifras del Banco Central de Bolivia merecen atención.

La inflación cerró 2025 en 20,4%, el nivel más alto de las últimas décadas. Para 2026, el Banco Central proyecta una tasa de 9,22%. A primera vista, la noticia parece alentadora. Y lo es, en parte. Pero hay otro dato que obliga a mirar el panorama completo: la economía podría cerrar este año con una contracción cercana al 3,6%. Solo en el primer semestre, la caída estimada del PIB llegó a 3,34%. 

Ahí está, precisamente, el problema. Bolivia necesita frenar la inflación, claro que sí. Pero ya no alcanza con eso.

Cuando una economía se achica, el golpe no se queda en las estadísticas. Se siente en el pequeño negocio que vende menos, en la constructora que posterga una obra, en el comerciante que reduce su inventario, en la empresa que decide no contratar y en el joven que manda currículums y espera una llamada que no llega.

El empleo muestra con bastante claridad ese deterioro. A junio de 2026 había cerca de 205 mil personas ocupadas menos que al cierre de 2025. Al mismo tiempo, la informalidad urbana alcanzaba a 3,2 millones de personas, prácticamente siete de cada diez ocupados. Y la subutilización laboral llegó al 11,43%. 

Esto importa porque en Bolivia perder bienestar no siempre significa quedarse formalmente desempleado. Muchas veces significa seguir trabajando, pero ganar menos. Vender menos. Trabajar más horas para obtener el mismo ingreso. O rebuscárselas con dos o tres actividades para completar el mes. Esa es la........

© El Deber