Estamos bien, pero vamos mal
La democracia pierde legitimidad cuando no logra responder al ritmo de una ciudadanía que exige eficacia, no la parsimonia del Estado. Menos aún en una era de gratificación casi inmediata como la actual. La asincronía entre la velocidad de la vida digital y la lentitud política genera tensiones que hoy amenazan la estabilidad democrática.
En ese nuevo marco temporal, el ciudadano ya no interpreta la demora de la clase política como una garantía de prudencia ni como un sistema necesario de “pesos y contrapesos”. La percibe, más bien, como desidia e ineficiencia. En ese contexto, cualquier propuesta concreta —si existiera— termina empantanada en el debate retórico, lo que archiva los cambios estructurales y urgentes que la sociedad espera.
Cuando esta percepción de ineficacia se prolonga, la frustración ciudadana puede derivar en el sentir de “que se vayan todos”, descalificando a la democracia misma. De allí surge la búsqueda de figuras y formas antisistema para encarar los retos y expectativas ciudadanas. Este fenómeno se evidencia en el informe Latinobarómetro 2023, que señala una caída significativa en la satisfacción con la democracia en la región y advierte una “recesión democrática”: solo el 48% de los latinoamericanos apoya hoy este sistema.
Este desencanto no es nuevo ni exclusivo del presente. En su discurso inaugural de 1989, Carlos Menem planteó una tesis opuesta al título de esta columna al........
