La verdad no puede prescribir
El tiempo avanza inexorablemente, pero no debería convertirse en aliado del olvido. Mientras transcurren los días, las semanas y los meses desde los luctuosos hechos ocurridos en Santa Cruz de la Sierra, el llamado caso Cerimedo continúa rodeado de preguntas que reclaman respuestas, de denuncias de extrema gravedad y de una inquietante sensación de que demasiados cabos permanecen sueltos.
En una democracia seria, ningún escándalo de semejante magnitud puede quedar sepultado bajo el ruido de la coyuntura. Mucho menos cuando las denuncias formuladas públicamente alcanzan, directa o indirectamente, al propio presidente del Estado y a personas de su entorno familiar más cercano. Precisamente por la investidura de los involucrados, el esclarecimiento debe ser todavía más riguroso, transparente e independiente.
Aquí no se trata de condenar anticipadamente a nadie. Se trata, exactamente al contrario, de impedir que la falta de respuestas termine funcionando como una forma de impunidad. Una denuncia no constituye una sentencia, pero tampoco puede ser despachada con silencios, evasivas o........
