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La fiesta que nadie quiso ver

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04.05.2026

En 1986, el asesinato del científico Noel Kempff Mercado provocó un sacudón moral que todavía resuena en la memoria colectiva. La reacción fue inmediata y contundente: hubo estigmatización, hubo un “estate quieto”, hubo un freno social. La sociedad no solo se movilizó; marcó distancia. El narcotráfico dejó de ser tolerable, dejó de ser invisible, dejó de ser parte del paisaje. Fue un punto de quiebre.

Hoy, en cambio, la pregunta no es cuándo empezó el problema. La pregunta es por qué dejamos de verlo.

Porque mientras el país discutía fallas policiales, debilidades judiciales o responsabilidades políticas —todas reales—, en Santa Cruz ocurría algo más evidente y, a la vez, más incómodo: el ascenso social de figuras vinculadas al crimen dejó de generar rechazo y empezó a convivir con la indiferencia. Santa Cruz ya no puede decir que no sabía.

El caso de alias “Pepo” es apenas un síntoma. Sindicado como piloto y hombre de confianza del narcotraficante........

© El Deber