Más allá del ruido
Tras la instalación del nuevo gobierno, la discusión pública parece atrapada por el desasosiego, plagada de rencillas más ruidosas que sustantivas. Es verdad que la administración entrante ha sufrido traspiés, no tanto por la magnitud de sus decisiones, sino por la forma en que estas han sido comunicadas. Errores no forzados, vocerías desalineadas y un ethos que todavía arrastra la lógica de campaña, han alimentado una percepción de desorden. En un comienzo, reparar en ello fue atendible e incluso inevitable. Hoy, sin embargo, el reproche majadero de las formas comienza a ser desproporcionado y peligroso.
El problema no es que existan críticas a la gestión comunicacional del Ejecutivo. El problema es que el debate público parece haberse quedado ahí, en la superficie, en el comentario inmediato, en la cuña, en el error amplificado. Y en ese ejercicio, vamos perdiendo de vista lo esencial. Porque es imperativo........
