Progresistas versus anticuados
Está de moda el progresismo y sus defensores lo consideran un avance moral sobre los conservadores y anticuados derechistas. Para los “progres” es un adelanto la reciente actuación de un hombre norteamericano que se transformó en mujer y que secuestró a su propio hijo de sólo diez años y, a escondidas de la madre biológica, lo llevó a Canadá para someterlo a una cirugía de cambio de sexo. El destino no es casual, pues Canadá es hoy uno de los paraísos del progresismo mundial, donde ya se promueve abiertamente la pedofilia, la zoofilia y otras aberraciones que el mundo woke intenta legitimar como derechos fundamentales. Menos mal que un gobierno “retrógrado” y “arcaico”, como el de Donald Trump, reaccionó a tiempo, movió cielo y tierra para localizar al niño y lo encontró en Cuba, tras haber sido llevado a México, otro país donde han avanzado tanto en el progresismo, que ahora defienden a los narcotraficantes como si fueran los paladines de la soberanía nacional. En este caso hubo final feliz, pero nada impide que ocurra algo peor todavía. Las leyes woke avanzan tan rápido que no faltará un juez que en el futuro conceda la custodia de un niño a un violador por considerar que su crimen es un derecho humano.
