¿Reforma judicial para cuándo?
La reciente intervención del presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Romer Saucedo, en el caso del mercado Mutualista ha sido celebrada como un acto de corrección. Y lo es. Pero también es un síntoma alarmante: cuando la justicia depende de acciones individuales, el sistema no sirve. No necesitamos superhéroes ni figuras providenciales. La justicia no puede sostenerse sobre impulsos personales ni operativos de emergencia. El caso del Mutualista no es una excepción: es la radiografía de un sistema corroído por jueces cooptados, decisiones manipuladas y una estructura permeable al poder político y económico. Celebrar intervenciones puntuales sin exigir transformaciones profundas es aceptar la enfermedad mientras aplaudimos el alivio momentáneo. El propio Saucedo llegó con la promesa de una reforma judicial. Hoy, esa promesa parece diluirse entre acciones mediáticas y urgencias coyunturales. La pregunta sigue intacta: ¿para cuándo la reforma? Porque sin cambios estructurales —meritocracia, transparencia y control real— la justicia seguirá siendo rehén de los mismos intereses que hoy dice combatir.
