Juanma Moreno se centra en Vox
22 de marzo 2026 - 04:59
Feijóo se ha venido arriba tras las elecciones de Castilla y León. No sacó tanto pecho en Extremadura, cuando el PSOE encajó la derrota más dura de su historia. Tampoco se le vio muy contento tras la victoria de Azcón en Aragón, pese a que los socialistas igualaron su peor resultado. Al líder del PP se le vio respirar aliviado y feliz tras el triunfo de Mañueco, y en gran medida se debió al frenazo que sufrió Vox, a la vista de sus expectativas. Es lo que tiene situar el listón tan alto. Los populares estaban tan crecidos que no disimularon sus temores. Igual de acomplejado que se mostraba Sánchez con Podemos en su día, hoy es el PP el que no oculta sus miedos con los de Abascal. Vox se ha convertido en su principal rival.
Los socialistas se han quedado (casi) como la única referencia de la izquierda. Le regalaron el centro al PP con un giro tan radical, que los populares lo dominan a sus anchas y esto les permite morder a Vox también por la derecha. La derechización de este país es tan extraordinaria -especialmente entre los jóvenes- que el PSOE se lo tendría que hacer mirar para no aspirar únicamente a salvar los muebles. En Andalucía aún quedan fuerzas a su izquierda, pero como Sánchez siga ocupando todo el espacio con sus discursos mitineros, será difícil que logren unos resultados aceptables por más que pataleen. Entretanto, como a Juanma Moreno sólo le quita el sueño el ascenso de Vox, lo señala como el rival a batir: o se opta por “la moderación y la estabilidad” o se apuesta por el “lío” que forma la ultra derecha allá donde sus votos sean decisivos. La obsesión del PP con Vox le lleva a introducirlo en la conversación diaria. También le preocupan los socialistas, pero porque teme que su caída beneficie también a los de Abascal. Vox entretanto duda entre forzar la repetición de elecciones, firmar acuerdos con el PP o permitir que gobierne quedándose en la oposición. No sabe lo que quiere y sospecha que Castilla y León tomó nota de su mediocre gestión cuando tuvo la oportunidad de gobernar, antes de que Abascal ordenara a los suyos que rompieran los pactos. Tiene tanto miedo a correr la misma suerte que Podemos tras pactar con Sánchez, que se resiste a someterse al desgaste de quienes ejercen el poder. Los que calificaban al PP de derechita cobarde, visto lo visto, no quieren coger el toro por los cuernos. Se sienten más cómodos con el ruido y a la contra que con la gestión.
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