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Por supuesto sin Presupuesto

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22.03.2026

22 de marzo 2026 - 03:09

La primera víctima de la guerra es la verdad, según un poeta griego o un aforismo anónimo. Por peculiaridades de la política española, la segunda víctima de la guerra de Trump y Netanyahu resultará ser el Presupuesto del Estado español (entre los veinte más cuantiosos del mundo).

Es un pretexto como cualquier otro. Pedro Sánchez caza al vuelo las oportunidades que se esconden detrás de cada desgracia. Una desgracia, quizás la peor de todas, es la guerra. Nuestro presidente, que la ha afrontado con firmeza y justicia, también ha encontrado en ella una justificación fraudulenta a su falta de voluntad para cumplir una de sus obligaciones fundamentales como gobernante.

Que no es un capricho o una concesión. La Constitución manda que el Gobierno presente un proyecto de Presupuestos Generales del Estado cada año, y el que encabeza Sánchez lleva tres años sin hacerlo. La vicepresidenta y ministra de Hacienda encargada del tema nos toma tan a menudo por tontos que ahora dice sin despeinarse que la prórroga de los presupuestos anteriores (en este caso serían más bien los anteriores a los anteriores a los anteriores, los de 2023) también es plenamente constitucional. Vale, pero antes de prorrogarlos ella está obligada por la Ley Fundamental a presentar un proyecto al Congreso de los Diputados e intentar que salga adelante, y sólo si es rechazado entonces puede legítimamente prorrogar el vigente. Ella no lo presenta por una sola razón bien sencilla: porque no cuenta con mayoría parlamentaria para aprobarlo y no quiere que se constate en la votación más importante del año. Todo esto se perpetra un año y otro ante el silencio estruendoso de Francino, la tercera autoridad del Estado y presidenta del órgano que representa la soberanía popular, al que se le hurta el debate más relevante. Ella no dice ni mú.

Hasta ahora el presidente y la ministra aseguraban una y otra vez, cada año, pero muy serios, que trabajaban incansables y sudando las respectivas camisetas para sacar adelante los Presupuestos, sucesivamente prometidos para unos plazos sistemáticamente incumplidos. La guerra de Oriente ha venido en esta ocasión en su auxilio. Este año lo único que parece importante y urgente es aprobar las medidas contra las consecuencias de la guerra, como si no fuera importante –ni compatible– hacer frente a una guerra con aprobar unas cuentas saneadas y sólidas para el país. Otro pretexto.

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