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Ni una mala paz…

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01.04.2026

01 de abril 2026 - 03:07

Afirmó Benjamín Franklin (1706-1790) que “nunca ha habido una buena guerra ni una mala paz”. Pero parece que el actual presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, no debe haber leído al que fuese muy ilustre prohombre de su propio país y una de las mentes más esclarecidas en siglo XVIII. Resulta, a la vista de nuestro presente, que a los dirigentes que más pueden incidir en nuestras vidas cotidianas, el citado señor Trump y el (des)presidente del (des)Gobierno de España, Pedro Sánchez, de entre las cosas que más pueden preocupar a ambos no es sino el modo en cómo su nombre y su paso por este mundo podrá quedar reflejado en la historia. Lo que ahora mismo acontezca, aparte de lo dicho o de que pudieran perder el ejercicio del poder, no les viene a quitar el sueño con frecuencia. A Trump le atraen las situaciones bélicas por él mismo iniciadas y hasta propiciadas. Le gusta ser “el comandante en jefe” y quiere que le reconozcamos como un verdadero campeón frente a los dictadores comunistas o islámicos. Y el campeonato que ha suscitado en la historia presente del mundo, lo es a través de las acciones bélicas tras las que se agazapa un necesario interés económico: en los casos de Venezuela y de Irán, el petróleo y otros combustibles fósiles están, insoslayables, sobre el tapete de la mesa de juego. Y Cuba –¡ay Cuba!– el grano en el trasero que vienen padeciendo todos los mandatarios estado-unidenses desde que Fidel Castro bajó de Sierra Maestra para aposentarse, definitivamente, en La Habana y disponer de vidas y haciendas en la bella isla caribeña. Isla de la que se hubieron de ausentar las familias más poderosas –económicamente hablando– de aquellas tierras habitadas por gentes de inaudita benevolencia, al ser capaces de aguantar, entre otras muchas atrocidades e inmisericordias, aquellos discursos de Castro, cuya duración superaba las siete horas en muchos casos. Nadie sabe la verdadera naturaleza de estas guerras contemporáneas. Guerras que, por el potencial inaudito de las armas empleadas, debieran durar muy poco tiempo, aunque causen brutales daños, sin precedentes conocidos hasta hoy. Aunque, lo mejor, muy posiblemente, sería que los que durasen poco tiempo fuesen los que causan estos enfrentamientos de horror, dolor y sangre. Y los dictadores de toda clase. No son buenos, nunca lo son, los que matan a los hombres o encarcelan sus almas ¿O no?

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