Derrotas que saben a victoria
Ana Salazar
En 2007, Rafael Nadal, con solo 21 años, perdió la final de Wimbledon frente a Roger Federer. Perdió el partido, sí, pero salió reforzado. Defendió cada punto, llevó al límite al rey de la hierba y dejó claro que estaba preparado para liderar el futuro. Aquella derrota no lo frenó: lo anunció.
En política ocurre algo muy parecido. No todas las victorias consolidan poder ni todas las derrotas debilitan. A veces, el marcador engaña y el error está en fijarse solo en quién gana, sin preguntarse quién está creciendo y a costa de quién.
Eso es lo que estamos viendo tras las elecciones en Extremadura y Aragón. Formalmente, PP y PSOE siguen siendo los partidos más votados. Pero el reparto real del........
