El reverso de una sociedad en terapia: nos la sudan los demás
Nunca en la historia del ser humano el individuo se ha interesado tanto a sí mismo como hoy. No en el sentido de auténtica exploración espiritual, sino del modo en que el historiador estudia la historia: enfrascado en una búsqueda de elementos objetivos que lleven a una relación de causa y consecuencia, una exposición de traumas y su repercusión en el yo. Hay una deriva de la psicología que consiste en preguntarse qué ha hecho el mundo conmigo, en vez de qué he hecho yo con él. Y la vía para saberlo es diseccionar el yo, aprender a identificar cada impulso y etiquetarlo con su particular patología.
Yo fui durante un año a terapia. Me encantó. Me resultó una experiencia erótica. Por la intimidad que provoca la auténtica honestidad, la desnudez; también porque quería que mi terapeuta pensase que yo era el más inteligente, el más divertido de sus pacientes: quería que se lo pasase bien mientras yo le contaba mis neurosis. Quería seducir de la misma forma que quiero hacerlo cuando escribo. Pasado el año, los dos llegamos a la misma conclusión: ya no hacía falta que volviera. Por ahora.
Fran Lebowitz decía que un libro no tiene que ser un espejo, sino una puerta. En realidad puede........
