Pero sigue siendo el rey...
No comparecía Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados para rendir cuentas, ni para desbrozar la maleza de una corrupción que le recubre las rodillas, sino para oficiar una homilía de la resistencia. El templo de la soberanía nacional degeneraba en el diván de un monarca asediado que, lejos de la contrición, decidía blindarse con una pregunta henchida de arrogancia, una provocación lanzada al hemiciclo con el mentón alzado y la mirada desafiante: "¿Cómo no vamos a seguir?".
Daban ganas de creerse el discurso victimista, de tolerar el ejercicio de memoria selectiva y hasta de aceptar que el ignaro Sánchez nunca percibió el hedor de las cloacas, pero al líder socialista le desbordan el cinismo y el providencialismo: "¿Cómo no vamos a seguir?".
Las interrogaciones localizaban una suerte de amenaza a los ciudadanos y contenían un SOS agónico y desesperado a los socios de la investidura, cuya solidaridad cínica e hipócrita conservan al sanchismo en un frasco de formol que se derrama sentencia a sentencia.
Ninguna tan rotunda ni elocuente como la que malogra la obra y la vida de Ábalos, pero Sánchez se disociaba de su compadre, apelaba a........
