La inmigración inducida es la nueva gran arma geopolítica
En 2021 apareció en el aeropuerto de Damasco una extraña oficina. En ella se ofrecían visados de turista y vuelos a Bielorrusia por 4.000 dólares. El mensaje, que muchos sirios desesperados por salir de su país entendieron enseguida, era que unos traficantes les iban a ayudar a entrar ilegalmente en la UE. Y que el Gobierno de Alexander Lukashenko no iba a ponerles ningún impedimento. De hecho, el paquete incluía también la estancia y un traslado en taxi hasta la frontera con Polonia, Letonia o Lituania. Allí, los funcionarios bielorrusos animaban a los migrantes a cruzar ilegalmente las vallas.
La decisión de Lukashenko de abrir esa vía migratoria era una venganza. El año anterior, se habían celebrado unas elecciones presidenciales que le habían dado el 80% de los votos. Todo el mundo sabía que se trataba de un fraude y se inició una oleada de protestas. La UE las apoyó, exigió a Lukashenko un proceso limpio y, ante el aumento brutal de la represión de los disidentes, impuso sanciones económicas a Bielorrusia y aisló a su régimen. Llenar la UE de inmigrantes procedentes de Oriente Medio, y provocar choques de estos con sus policías fronterizas, fue su respuesta. Al mismo tiempo, Lukashenko aparecía en la televisión denunciando que la decadente y liberal UE, que daba lecciones de democracia, se estaba dejando........
