menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Iberoamérica como espacio inversor integrado

9 0
thursday

A las puertas de la XXX Cumbre Iberoamericana de jefas y jefes de Estado y de Gobierno que se celebrará en Madrid el próximo 4 y 5 de noviembre, Iberoamérica afronta uno de los desafíos más complejos y decisivos de las últimas décadas en medio de un escenario internacional marcado por la erosión del multilateralismo, la consolidación de bloques polarizados y un creciente desorden geopolítico y geoeconómico global. En este contexto, la inversión ha dejado de responder solamente a criterios de rentabilidad, para convertirse en un instrumento de seguridad, autonomía estratégica e influencia política. Subyace la idea central de que Iberoamérica como espacio inversor no puede limitarse a compartir historia, lengua y cultura, sino que debe transformar esas afinidades en ventajas competitivas. Esto implica superar la dispersión de iniciativas nacionales y construir un espacio integrado que permita movilizar ahorro, atraer inversión extranjera directa (IED) de calidad y favorecer la expansión de empresas a ambos lados del Atlántico.

La inacción o la simple continuidad de políticas dispersas elevarían la exposición de la región a tensiones económicas —no exentas de volatilidad financiera—, caracterizadas por una interdependencia económica más compleja e instrumentalizada por la rivalidad entre potencias que ha situado la protección de datos, las tecnologías disruptivas y los recursos e infraestructuras críticas en el núcleo de las decisiones públicas y privadas.

Al mismo tiempo, la fragmentación de los mercados reduce la previsibilidad que durante décadas proporcionó un sistema comercial basado en reglas compartidas. Ahora avanza el proteccionismo selectivo, las políticas industriales y la relocalización de las cadenas de suministro. La tendencia de desplazar la producción hacia países confiables o aliados -friendshoring- y aproximar actividades a mercados más cercanos y seguros -nearshoring-, representa un riesgo de dependencia, pero también una oportunidad para captar nueva IED que busca diversificar proveedores, acortar distancias geográficas y reducir vulnerabilidades con proyectos greenfield, los preferidos por los países, ya que comienzan desde cero.

América Latina llega a este nuevo escenario con importantes fortalezas, entre ellas su abundancia de recursos naturales, su potencial energético, su capacidad agroalimentaria, su biodiversidad y una población crecientemente conectada. No obstante, también arrastra volatilidad institucional, desigualdad, baja productividad y un déficit de........

© El Confidencial