Ética y discrecionalidad en la gestión pública
De todos es sabido que la industria de la información en España se ha convertido en una selva mediática en la que el consumo de medios es crecientemente selectivo por ideología. Cada grupo social tiende a leer, ver y escuchar solo a quienes potencian su sesgo de confirmación. La percepción de qué medios “mienten” o difunden noticias falsas depende sobre todo de la ideología del receptor: los medios afines casi nunca son percibidos como desinformadores, los contrarios sí. Esto se explica a través de tres elementos centrales que los autores de «Polarización política y medios de comunicación, su impacto en la democracia y en la sociedad» publicado en El Profesional de la Información, señalan: segmentación de audiencias (burbujas), sensacionalismo y sesgo, que alimentan el círculo polarización‑audiencias‑negocio. En ese círculo vicioso, también se diluye la exigencia ciudadana de rendición de cuentas sobre cómo se usan los recursos públicos.
En este escenario nos movemos quienes tratamos de potenciar el pensamiento crítico y la incredulidad ante noticias sensacionalistas, contrastando la información y acudiendo a las fuentes. Recientemente, ha surgido la polémica de Sarah Santaolalla, tertuliana activista de izquierdas, que denunció a Vito Quiles -agitador político relacionado con la ultraderecha– por acoso continuado y una supuesta agresión a la salida de un acto en el Senado. Pese a denunciar el hecho en X ‘desde el hospital’ y presentar denuncia, existe un vídeo del momento en que no se aprecia maltrato, aunque ignoro si hay otras pruebas.
Les confieso que hasta hace muy poco no sabía quién era ninguno de los dos. Los que tenemos horario de trabajo que abarca la mañana, no solemos estar muy puestos en celebrités de los magazines matutinos y vivimos felizmente al margen de las polémicas reales o fingidas con las que los programas azuzan la batalla de audiencia. Por tanto, no tengo una opinión formada de ninguno de ellos.
De lo que no estoy al margen es de las redes sociales. En estas últimas semanas ha sido imposible sustraerse a la polémica. X, el antiguo twitter, tan manoseado y colonizado por las cámaras de eco de pago que lo mueven, es un elemento perfecto de manipulación.
No me interesa analizar........
