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Pepe Bono y los hermanos Dalton

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Mucho antes de que se valorase su compañía en más de 2.000 millones de euros, Ángel y Javier Escribano eran conocidos en el sector como los hermanos Dalton. Los llamaban así, como a los forajidos de Lucky Luke, no por la diferencia de altura entre ambos, sino por unas maneras empresariales al límite y porque disparaban primero y preguntaban después. En un sector poblado por ingenieros, militares y funcionarios, ellos se comportaban como dos pistoleros entrando en un salón.

Su crecimiento fue mezcla de ambición, osadía y ausencia de complejos, pero también de fichajes constantes de ingenieros de otras compañías para incorporar las capacidades y know how que Mecanizados Escribano, como se llamaba entonces la empresa familiar, no poseía. La consigna era crecer, ganar tamaño, ocupar terreno. Por las buenas o, según sus detractores, por las no tan buenas.

Así ocurrió con algunos desarrollos relacionados con torres de empleo remoto y cámaras electroópticas. Competidores internacionales, como la firma israelí Rafael, consideraban que determinados productos de los Escribano calcaban tecnologías que ellos habían desarrollado durante años. Alguno llegó a estudiar acciones legales. Los Escribano asumían el riesgo con la lógica de los hechos consumados: incluso una eventual condena podía resultar más barata que invertir años en desarrollar determinadas capacidades.

Las demandas finalmente no prosperaron. Desde el Ministerio de Defensa se intervenía para frenarlas y evitar una guerra abierta entre compañías del sector.

La verdadera habilidad de los Escribano no consistía solamente en ‘aprender’ a fabricar torretas o sistemas electroópticos. Consistía en saber a qué puerta llamar cuando una operación se atascaba. Durante años contaron con alguien capaz de abrirlas.

No figuraba en los organigramas. No aparecía en los contratos. No era consejero ni accionista. Su trabajo pertenecía a ese territorio vaporoso que existe entre las relaciones institucionales, la influencia política y la intermediación empresarial. Cuando había que convencer a alguien, suavizar una resistencia, llegar hasta un banco o colocar una operación en la mesa adecuada,........

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