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¿Petróleo a 150 dólares? Así hemos pasado del 'esto es temporal' al 'vamos a morir todos'

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07.03.2026

Hay una frase que se atribuye al Nobel Niels Bohr y a la estrella del béisbol Yogi Berra, pero también al escritor Mark Twain o al exprimer ministro británico Winston Churchill, y de la que probablemente ninguno de ellos sea su autor. Es aquella que dice que hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata de hacerlas a futuro.

Y aunque eso es así, también lo es que los analistas que el pasado fin de semana trataron de predecir las subidas del petróleo en la apertura de los mercados del lunes, tras el ataque de EEUU e Israel sobre Irán que acabó con la vida del ayatolá Alí Jamenei, hicieron un gran trabajo. Entre 5 y 10 dólares subiría el Brent, dijeron. Y así fue. Desde un cierre cercano a los 73 dólares del viernes anterior, acabaron el lunes en 77,74 dólares, una subida del 7%. Que no está mal para un solo día, pero para lo que podía ser el comienzo de una guerra abierta entre Irán e Israel en la arteria aorta del comercio energético mundial… ya firmábamos muchos. Virgencita, virgencita.

El viernes todo se había truncado: el Brent rozaba los 95 dólares y ya se escuchaban voces autorizadas del mercado hablando de los 150 por barril. ¿Que qué ha pasado en estos cinco días? Pues todo lo contrario de lo que debía haber ocurrido. Empecemos por el principio.

El escenario que cotizaba el lunes el mercado de petróleo es que esto sería una operación relativamente rápida, de tres o cuatro semanas. El estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% de los barriles de petróleo que se producen en el mundo y también de gas natural licuado, permanecería cerrado unos días, incluso semanas, pero el mercado estaba abastecido. La oferta superaba la demanda y el hemisferio norte empieza la primavera, con lo que el consumo energético baja.

En esas tres o cuatro semanas, Irán respondería bombardeando objetivos militares de EEUU e Israel en la zona, dejando relativamente intacta la infraestructura energética, y, en algún momento, Trump y Netanyahu encontrarían lo que los anglosajones llaman una rampa de salida del conflicto.

Lo único bueno de la sensación que desprendía Washington de no saber qué es lo que pretendía realmente conseguir con esa intervención militar en Irán, era que eso permitiría, llegado el momento, inventarse una. “Ya hemos liquidado al ayatolá y hemos destruido toda la infraestructura de lanzamiento de misiles y la flota iraní. Ciao. Nos vamos. A otra cosa”.

El petróleo subiría, obviamente, porque cotizaría una prima de riesgo para compensar que ese plan no se cumpliera. Pero eso es todo.

El problema es que ha ocurrido todo lo contrario y lo que era una prima de riesgo por si la cosa se truncaba se ha convertido en un miedo real a un problema físico de falta de stock para satisfacer la oferta.

En primer lugar, la respuesta de Irán no ha consistido solo en atacar objetivos militares, sino que ha actuado como una cámara de eco del caos en la región. Sus misiles y drones han impactado en infraestructura energética y en intereses económicos.

El estrecho de Ormuz se cierra y se abre de un día para otro: basta con que no se dispare a los barcos que pasan por ahí. Una refinería, un oleoducto, o una central de gasificación y desgasificación tarda meses en repararse.

El ministro de Energía de Catar explicó ayer en el diario Financial Times que el resto de la región seguiría pronto los pasos de la compañía que preside, Qatar Energies, que suspendió la producción y los envíos de gas declarando causas de fuerza mayor. Y que si la situación se prolongaba durante varias semanas, el precio del barril Brent subiría tranquilamente hasta los 150 dólares, lo que supondría un récord histórico.

Esto fue por la mañana y ya alarmó un poco a los mercados. Pero el clavo en el ataúd llegó por la tarde, cuando Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América, dejó clara cuál era su rampa de salida del conflicto. La rampa —recuerden— es la que iba a permitir desescalar la situación y que cada uno volviera a sus cosas. Y lo que eligió no fue nada menos que la "RENDICIÓN INCONDICIONAL" de Irán y la elección de un líder "GRANDE Y ACEPTABLE". Versales incluidas.

Es decir, algo que el mercado, al menos ayer, con el petróleo al borde de los 95 dólares, le estaba diciendo que es imposible conseguir en cuatro semanas.

Poco después, los analistas de Goldman Sachs pronosticaban que, si no llegaban pronto señales de distensión, probablemente la semana que viene veremos el barril de Brent por encima de los 100 dólares.

Y así están las cosas ahora. Nunca hay que infravalorar la capacidad de Trump para hacerse un taco. Especialmente cuando la gasolina en EEUU está ya en niveles récord desde que ha vuelto a la Casa Blanca y cada vez falta menos para las elecciones al Congreso del mes de noviembre, donde puede perder mayorías parlamentarias clave. El problema es que, una vez abierto el avispero en Oriente Próximo, pierde el control sobre cuándo lo va a poder cerrar.


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