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Los profesionales detectan la trampa y aun así pican

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30.04.2026

Hay una paradoja que recorre el sector financiero de arriba abajo y que pocos se atreven a nombrar en voz alta. Los profesionales de la inversión saben perfectamente lo que les ocurre a los inversores particulares cuando compran fondos en su banco. Lo que no saben —o no quieren saber— es que a ellos les está ocurriendo exactamente lo mismo.

Empecemos por lo conocido. Cualquier banquero privado, selector de fondos o asesor financiero con unos años de oficio sabe que las grandes redes bancarias no venden toda su gama. Venden los fondos que han ido bien. Y eso no es tan inocente como parece, porque esas gestoras no tienen siete ni doce fondos: tienen decenas, a veces centenares, con estrategias de inversión muy diferentes entre sí, incluso dentro de una misma categoría. Los fondos nacen pequeños, sin historia, sin brillo. Durante años permanecen en una especie de incubadora discreta. Cuando alguno destaca —y por pura estadística, si creas suficientes, alguno destacará— empieza la maquinaria comercial. Se presenta en las oficinas, se incluye en las carteras recomendadas, se explica en las reuniones con clientes. Los que no funcionaron sencillamente desaparecen: son absorbidos por el fondo de mejor historial, y ese historial fabricado es el que figura en las bases de datos cuando alguien lo busca años después.

El inversor particular que entra en una sucursal no sabe nada de esto. Ve un gráfico de rentabilidad........

© El Confidencial