menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Y ahora, también Cataluña amenaza a Sánchez

16 0
19.03.2026

El PSOE y Sánchez han desarrollado una fuerte dependencia del PSC, cuya funcionalidad en el socialismo ha sido determinante en los momentos más críticos. Pasqual Maragall decidió la pugna entre José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero en el XXXVII Congreso Federal del PSOE de julio del año 2003. El candidato prometió al primer secretario de los socialistas catalanes que apoyaría el nuevo Estatuto que saliese del Parlamento. Zapatero ganó a Bono por solo nueve votos. Ya presidente del Gobierno, el vallisoletano fue reelegido en el XXXVIII Congreso del PSOE en julio de 2008.

No ocurrió lo mismo, pero pudo suceder, cuando en 2012 disputaron la secretaría general del partido Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, ambos lamentablemente fallecidos. El cántabro superó a la catalana por solo 22 votos. El PSC volvió a jugar a fondo, sin lograr imponerse. Pero los socialistas catalanes, regresando por sus fueros, desempeñaron un papel clave para que Sánchez se hiciese de nuevo con la secretaría general del PSOE en las primarias de 2017 tras su obligada renuncia al cargo el 1 de octubre de 2016 ante el Comité Federal del partido.

En el socialismo se produce una asimetría constante: el PSC puede intervenir en los procesos orgánicos del PSOE, pero no a la inversa. Sigue siendo así según los sucesivos protocolos, firmado el último entre Javier Fernández, presidente de la gestora del PSOE, y Miquel Iceta, el 17 de marzo de 2017. Los socialistas catalanes vienen prestando a Pedro Sánchez una colaboración imprescindible. Pero el PSC no es el PSOE. Son partidos federados, pero distintos. Pudiera no parecerlo, pero la cuestión no es anecdótica sino categórica. Cataluña es el territorio más favorable a Sánchez desde 2018. La comunidad lleva al Congreso a 48 diputados (solo por detrás de Andalucía, a la que corresponden 61). En julio de 2023, el PSC se instaló en el Congreso con 19 actas. En mayo de 2024, con Salvador Illa al frente, el PSC fue la lista más votada en las autonómicas y formó gobierno con ERC y los comunes porque su victoria (42 escaños de 135) fue insuficiente.

La investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat requirió de dos acuerdos y otras dos ratificaciones. El primero, el pacto entre Bolaños y Junqueras en noviembre de 2023 para investir a Sánchez a cambio, entre otras contrapartidas, de implantar una ‘financiación’ singular para Cataluña, sustrayéndola del régimen común. El segundo, otro pacto, esta vez entre Illa y Junqueras en julio de 2024 para investir al dirigente del PSC, reiterando el compromiso socialista de conseguir un modelo de financiación distinto del actual para la comunidad. Y la ratificación de la Comisión bilateral Generalitat-Gobierno del acuerdo de financiación que se produjo en julio de 2025. Por fin, el pasado 8 de enero, Sánchez recibió en la Moncloa a Oriol Junqueras, que salió de la presidencia del Gobierno con 4.700 millones de financiación extra y el compromiso de implementar el principio de ordinalidad.

Ninguna de las contrapartidas que el PSOE y el PSC asumieron con ERC se ha cumplido. Ni siquiera se ha llegado a consumar la condonación de una parte sustancial de la deuda catalana al Fondo de Liquidez Autonómico. La oposición de todas las comunidades de régimen común, incluidas las dos gobernadas por presidentes del PSOE (Asturias y Castilla-La Mancha), se ha manifestado expresa y rotundamente en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. María Jesús Montero no se atreve a dar el paso de imponer un modelo singular (recaudación íntegra del IRPF) tanto por la reacción de la mayoría de las comunidades como por el lastre que supondría para ella y para su partido en las próximas elecciones en Andalucía, más aún tras los fracasos socialistas en Extremadura, Aragón y su debilidad en Castilla y León, que ha sumido en una crisis de confianza al PSOE y debilitado el liderazgo de Sánchez.

La respuesta de ERC y de Junqueras a esta parálisis ha consistido en negarse a respaldar los primeros Presupuestos de la Generalitat que Illa presentó con el apoyo de los Comunes en el Parlamento catalán. Todo un desafío a ERC. Los republicanos enmendaron el proyecto a la totalidad. Se iba a votar mañana. Illa lo retiró ayer en una prueba de máxima debilidad y, sobre todo, de un pésimo cálculo. La continuidad de su gestión queda así comprometida, situándola en el mismo terreno movedizo que la de Pedro Sánchez, ya decidido a incumplir la Constitución groseramente (artículo 134). Illa infringiría el artículo 212 del Estatuto catalán si se mantiene en la presidencia sin Presupuestos porque la norma establece que deben ser anuales.

La situación para Illa es tan compleja como para Sánchez porque ambos van emparejados en sus respectivas legislaturas y se retroalimentan. Por esa razón el presidente de la Generalitat, si en junio (después de las elecciones andaluzas para no ofrecer más munición al PP) tampoco prosperan los Presupuestos, deberá acordar con el del Gobierno cómo actúa: si convoca elecciones (adviértase que la derrota parlamentaria en las cuentas públicas, o su retirada, como ayer ocurrió, tiene un impacto político enorme) o se bunkeriza como él. El contexto catalán es diferente al del resto de las comunidades autónomas. Pero no más favorable al PSC-PSOE porque la emergencia de Aliança Catalana es fortísima y la izquierda a la izquierda de los socialistas (allí, los Comunes) presenta parecido diagnóstico de extinción que Sumar y Podemos. Y si ERC no puede ofrecer réditos de su apoyo a Illa en Barcelona y a Sánchez en Madrid (y la factura a pagar es consolidar la transferencia total del IRPF a la Generalitat) los de Puigdemont dispondrían de una argumentación extraordinaria que podría tumbar las expectativas de un Junqueras que lidera con contestación un partido volátil, poco fiable e históricamente radical. De modo que no hay ‘oasis’ catalán. Porque Cataluña, tras la retirada del proyecto de Presupuestos por Illa, impuesto por ERC, se puede convertir, si no lo es ya, en un lastre adicional para Sánchez. Qué pavor se ha instalado en la Moncloa, y por contagio en el Palau de Sant Jaume, a las elecciones andaluzas.


© El Confidencial