Sánchez pide banquillo
La imperfección tanto constitucional como práctica de nuestro sistema político se debe a que carece de mecanismos parlamentarios para que un individuo como Pedro Sánchez sea expulsado mediante el denominado ‘impeachment’ que es un juicio político del legislativo que puede terminar en la destitución, al margen de las responsabilidades penales en las que pudiera haber incurrido. Así acabaron sus días el presidente Andrew Johnson en Estados Unidos (1868) y Dilma Rousseff (2016) en Brasil. Richard Nixon se libró del proceso al dimitir en 1974 antes de que se formalizase el procedimiento de destitución. Bill Clinton (1998) y el propio Donald Trump (2020) rozaron el larguero de la destitución de la que les libró una mayoría en el Senado.
El remedo del ‘impeachment’ en constituciones como la española (y otras) es la moción de censura constructiva para exigir la responsabilidad política del presidente del Gobierno e implica, de prosperar, además de la destitución, la sustitución por el candidato que interpone la moción. En España solo triunfó la que planteó Pedro Sánchez a Mariano Rajoy en 2018. Pero la desactivación del Congreso (por la complicidad de los socios gubernamentales que contemplan impertérritos la zahurda del sanchismo) no permite que, por razones mucho más graves que las que les indujeron a destituir al presidente del PP se censure y destituya ahora a Pedro Sánchez. La consecuencia es que la responsabilidad política, vertebral en toda democracia, ha decaído y solo........
