No hay ovejas negras, sino un rebaño ennegrecido
Mi compañero (y sin embargo, amigo) Juan Fernández-Miranda dispone de buenas fuentes en Moncloa, como es su obligación. Últimamente, las fuentes monclovitas hablan por los codos; y cada vez que hablan, se delatan. Leo dos crónicas consecutivas en las que las "fuentes de Moncloa" habrían estado mejor calladas por su propio bien.
En una le cuentan al periodista que todo lo fían a la guerra: no ocultan su satisfacción por la matanza de Oriente Medio (hace meses lo hicieron por la de Gaza) y, como en el cuento de la lechera, anticipan los cuantiosos beneficios electorales que Sánchez espera obtener gracias a ella. A continuación, reiteran la decisión de prolongar la legislatura hasta el último segundo del último minuto. Así pues, necesitan y desean que la guerra dure todo lo posible para obtener la renta esperada. Fernández-Miranda entrecomilla a su fuente: "El escenario de gran volatilidad no cambiará, porque aunque Trump salga, Israel e Irán seguirán, y los hutíes y Yemen…". Vaya, que cualquier guerra es buena para "movilizar a los nuestros". Sólo les falta confesar que quizá una conflagración planetaria les permitiría culpar a Feijóo o, aún mejor, ahorrarse las elecciones.
En la otra deposición el titular lo explica todo: "Kitchen contra Ábalos". Emparejar la corrupción propia del presente con la corrupción ajena del pasado es un clásico de la política española. Se ha demostrado cien veces el efecto contraproducente de ese recurso, pero nadie resiste la tentación.
Cuando estás en el poder, no existe una forma peor de atenuar la cólera social por tus fechorías que emparentarlas con las fechorías anteriores: terminas pagando por todas ellas. Aparte de que, a estas alturas, el señor Kitchen suena a turista alemán y no puede competir en popularidad con el señor Ábalos.
Pasó la Semana Santa, se abrieron de nuevo los juzgados y volvió la pesadilla judicial del sanchismo. No será porque no se avisó: tras la instrucción vienen los autos de........
