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La decadencia nacional: España no arde, se deja quemar

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28.07.2026

Los incendios de verano son la versión española de la falla de San Andrés, que atraviesa California de arriba abajo a lo largo de una franja de 1.200 kilómetros. Se sabe desde hace décadas que está ahí, que su peligro sísmico es máximo y que en ella se producen terremotos constantes, unos de intensidad soportable y otros devastadores, hasta que llegue el temido Big One. Me conformaría si las autoridades españolas dedicaran a la prevención de los incendios el 1% del tiempo y los recursos que dedican en California a la de los terremotos.

El fuego arrasa miles de hectáreas de bosques y montes en España desde que tengo memoria. Lo saben los gobernantes y lo sabemos todos los ciudadanos. Como sabemos que, año por año, el fenómeno se va haciendo más extenso y más destructivo. Todos fuimos conscientes de que el reciente incendio de Almería, que costó 13 muertes y 5.000 hectáreas calcinadas, fue el prólogo de un verano más catastrófico que el anterior, que a su vez lo fue más que los anteriores y lo será menos que los que vendrán. España no arde, se deja quemar.

Quienes más y mejor saben señalan el carácter multifactorial del fenómeno: el aumento de las temperaturas, la despoblación, el persistente abandono de las políticas forestales en aras de un ambientalismo mal entendido… y por encima de todo, la incuria dolosa de los gobernantes, que dejan pasar los lustros sin mover un dedo para prevenir el estallido del fuego del próximo verano y sólo reaccionan ante el hecho consumado. No hay verano sin incendios y no hay incendios sin fotos de los políticos y discursos compungidos, como si cada invierno fuera una sorpresa que Siberia se cubra de nieve.

A la tradicional pasividad de los gobiernos se añade la burricie del estrépito de los políticos aprovechando el fuego -o cualquier otra circunstancia por calamitosa que sea – para alancearse entre sí con ferocidad digna de mejor causa. Se te quitan las........

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