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¿Qué fue del "Gran Partido de los Andaluces"?

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19.05.2026

Persistimos en medir los resultados de las elecciones en función de las expectativas creadas más o menos artificialmente, sin admitir que las expectativas son instrumentos de estrategia electoral. Inflarlas o desinflarlas forma parte de la campaña de los partidos; sirve para incentivar o desincentivar el voto, para prevenirse ante un resultado desfavorable o aumentar el efecto de uno favorable, para dar moral a la tropa propia o desmoralizar a la ajena… y sobre todo, para conducir la atención de los creadores de opinión hacia un punto determinado.

Por ejemplo: hay elecciones autonómicas en Andalucía y alguien se las arregla para que sólo importe si el PP consigue o no la mayoría absoluta en el Parlamento autonómico. Da igual que se produzca o se consolide un vuelco geológico en el comportamiento electoral de los andaluces: las miradas quedan fijadas hipnóticamente en una cifra (en este caso, 55) y ese es el único listón que separa el éxito del fracaso.

Si me dedicara a la política, firmaría por adelantado obtener siempre victorias tan amargas como esta del Partido Popular. Que en un territorio históricamente adverso me garanticen un porcentaje de votos superior al 40%, quedar primero con 19 puntos y 25 escaños de ventaja al segundo e irme a dormir plácidamente sabiendo que al día siguiente los comentaristas glosarán mi fracaso y los perdedores se mostrarán felices porque faltaron dos escaños para la mayoría absoluta.

Ciertamente, no es cómodo negociar una investidura con un partido extremista. Pero a eso ha conducido la lógica perversa de la polarización. Si los dos partidos que concentran dos tercios del voto ciudadano excluyen radicalmente la vía natural de permitir que forme gobierno aquel que resulte más votado en cada ocasión, ambos quedan condenados a........

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