Cinco propuestas para defender mejor a Ceuta ante el acoso de Marruecos
La crisis de Ceuta no es sólo un desastre humanitario. Sus vecinos se sienten inseguros ante esos miles de desconocidos que deambulan por las calles y que se han adueñado de sus plazas y de sus playas. A más largo plazo habrá, además, emprendedores ceutíes que renunciarán a sus proyectos para no estar pendientes de la espada de Damocles marroquí; jóvenes que querrán hacer su vida en la Península lejos de la incertidumbre y funcionarios que, pese a las ventajas fiscales, no se jubilarán allí.
Del trance por el que pasa Ceuta se pueden, sin embargo, extraer algunas lecciones para intentar defenderla mejor ante los embates del vecino. He aquí cinco ideas escritas a vuelapluma.
1. La invasión migratoria ha quitado la venda de los ojos a los que aún se empeñaban en no ver la realidad. Bajo cuerda algunos miembros socialistas del Gobierno reconocen incluso que, cuando la relación bilateral aparentaba discurrir por una balsa de aceite, no se esperaban un golpe bajo de tales proporciones. Marruecos no es un socio fiable en lo que concierne a la lucha contra la inmigración irregular o cuando pacta poner en marcha aduanas en Ceuta y Melilla que en la práctica no funcionan. Basta con un par de datos para ilustrar la naturaleza del poder real. Los muertos de la hecatombe de julio rondan los 150 entre las aguas de Ceuta y de Tetuán. No se decretó en Marruecos un luto oficial ni ninguna autoridad trasladó su pésame a las familias de las víctimas. El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, sí lo hizo.
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