Nuevo orden internacional, nuevo orden de la información
A finales de 1978 se publicó un libro, editado por EUNSA y escrito por mi profesor, ya fallecido, Esteban López Escobar, que se titulaba window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); 'Análisis del nuevo orden internacional de la información'. En su prólogo, el Prof. Pedro Orive exponía una idea que en aquellos momentos preocupaba a los estudiosos del rol de la información en un mundo en el que se adivinaban fuertes cambios: "Los estudios del desarrollo de los instrumentos de comunicación colectiva, así como de los procesos que los caracterizan en los países más avanzados del mundo, adoptan característicamente un marco de referencia nacional, a pesar de que la experiencia operacional diaria revela una dimensión internacional". Eran los momentos en que las iniciativas informativas de índole nacional, trataban de buscar acomodo en el ámbito internacional, facilitando un pretendido nuevo orden informativo globalizado a tenor de los desarrollos transnacionales de carácter económico
Von der Leyen, presidenta del Ejecutivo europeo, hablaba días pasados, desde una perspectiva política, del nacimiento de un nuevo orden mundial al referirse al papel de Europa en los momentos actuales, y se refería al cambio que el mundo exige ya que, "alejado de las reglas hasta este momento existentes, de un mundo que ha desaparecido y no volverá y por lo tanto la UE debe de prepararse para participar en un orden global basado en la proyección de poder y no en las reglas que hemos seguido hasta ahora".
Dos enfoques distintos, uno en el plano informativo y otro en el político, distanciados en el tiempo, cuarenta y ocho años de diferencia, pero con una idea común: lo actual no nos sirve, hay que meditar, reflexionar y decidir una orientación para poder seguir avanzando de una manera racional y efectiva, tanto en el campo político como en el informativo, sabiendo además la importante relación que hay entre ambas realidades.
Todos los estudiosos del tema informativo están de acuerdo en que la información está sufriendo un proceso de cambio radical, que no le permite dar respuesta a las necesidades y exigencias precisas en el momento actual, de una manera conveniente. El oficio que desarrolla la información, el periodismo, está igualmente en una fuerte crisis profesional, modificando sus modus operandi, de tal manera que en poco o en nada se parece a lo que hasta ahora ha sido una realidad profesional potente y acorde con la exigencia fundamental de ofrecer una información de calidad al público, por múltiples causas.
La existencia de las plataformas digitales y las redes sociales, que han ocasionado una superabundancia de información, imposible de asimilar y, por supuesto, de analizar bajo las coordenadas clásicas de la información de verdad y respeto a los derechos personales ajenos. La proliferación de fake news, de la desinformación y, como consecuencia, la creación masiva de una esfera de posverdad, imposible de contrarrestar por los medios de comunicación, dados los costes de verificación de las noticias y los escasos recursos de los medios informativos. El servilismo político de muchos profesionales, olvidando que la primera misión del periodista es la crítica razonada de la acción política, dedicándose a la adulación del poder de manera sistemática.
Estas razones a las que es bueno añadir el olvido, cuando no desprecio a la verdad y a la objetividad informativa y a la mezcla interesada y contraria al deber informativo de mezclar opinión e información en la práctica diaria de la profesión periodística, hacen que la situación de la Información, desde el punto de vista de los contenidos, pueda calificarse como crítica Ello está ocasionando la desaparición de una de las funciones más importantes de los medios informativos, como es la intermediación entre los medios y el público, denuncia realizada por J. A. Zarzalejos, presidente del Comité editorial de El Confidencial, al afirmar que "la política y las empresas han perdido, en realidad lo ha perdido la sociedad entera, un mecanismo de defensa frente a la posverdad: la intermediación periodística". Todas estas circunstancias hacen que los medios de comunicación, tradicionales y online, no cumplan, salvo honrosas excepciones, la finalidad que el orden informativo les tenía reservado hasta estos momentos. Como consecuencia de ello, la información, en cuanto a medios y profesionales, sufre unos efectos negativos que le impiden difundir los contenidos informativos en la forma adecuada y, por lo tanto, la facultad del público de recibir se ve reducida y falseada.
Es, por lo tanto, necesario desmantelar este viejo orden informativo, como en el orden político sugiere Von der Leyen, y estructurarlo de manera que sea adecuado a las necesidades de nuestros días. Por supuesto, y aquí radica una sustancial diferencia con la propuesta de la primera ejecutiva europea, no cimentándolo en "un orden global basado en la proyección del poder", como afirma Von der Leyen, proyección ajena a un sentir idóneo de la información como servicio público, pero sí bajo la premisa de un conjunto de exigencias claras que devuelvan a la información la fuerza de la que nunca debió perder.
Lógicamente, no es pensable que a través de unas breves líneas se puedan establecer las bases de ese nuevo orden informativo deseable, pero sí que es posible, al menos, enumerar tres principios básicos, entre los muchos que podrían citarse, sobre los cuales los estudiosos del tema puedan ir desarrollando las bases que propicien los cambios deseables para ese nuevo escenario informativo de carácter global que se necesita en los momentos actuales.
El primero es volver de una manera decidida y valiente a que la verdad informativa, que ha sido, es y debe seguir siendo, el principio básico de la actividad informativa, vuelva a tener la prioridad absoluta en los contenidos informativos. Se deben desarrollar todas las medidas posibles, éticas y jurídicas, que defiendan a la verdad informativa y castiguen la mentira (las fake news no son otra cosa), el bulo y la desinformación. En ese sentido hay que citar a Caño, exdirector de El País, que, window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); en el título de su último libro de memorias, hace un ruego bien explícito a los periodistas: "Digan la verdad", recordando que "el periodismo también es un instrumento que sirve tanto para hacer resplandecer la verdad, como para ocultarla y manipularla".
Esa consecución de la verdad está relacionada directamente con la ética y la desaparición de la intermediación, como afirma Zarzalejos al referirse al cambio tecnológico y sus consecuencias que ha propiciado: "Una cuestión estrictamente de pérdida de deontología profesional, de desistimiento en el relato de la verdad, de la aceptación del bulo y el rumor… la tecnología con el arrasamiento de la intermediación ha desmoralizado el relato periodístico y ha difuminado los atributos que le aseguraban un rol social de control y relato de la verdad". Por lo tanto, es absolutamente necesaria una vuelta a la verdad como fundamento del relato periodístico, de la actividad informativa.
Esa vuelta a la verdad lleva como complemento una denuncia clara y contundente de las falsas noticias, de los bulos intencionados que emborronan la actividad informativa. Igualmente, es necesario denunciar, sin desfallecer, los hechos que producen la desinformación, con el único afán de faltar a la verdad y propiciar una situación de posverdad que enfanga todo lo relacionado con la información. Todas las políticas y acciones que se lleven a cabo en este campo, tanto en el ámbito nacional como en el europeo, deben ser aplaudidas y llevadas a sus últimas consecuencias, incluido el plano sancionador.
El segundo punto a conseguir es el alejamiento del poder político o de cualquier clase, en el reconocimiento de que la labor periodística y, por lo tanto, la información no tienen más razón de ser, que el servicio a los destinatarios de las informaciones, o sea, al público. El alejamiento, en todos los sentidos, de cualquier clase de poder, pero sobre todo del político, es una cuestión de absoluta higiene mental y profesional para los periodistas. Hay que desterrar la peligrosa idea de intentar convertir a la información en una nueva clase de poder. La información es, sin duda alguna, un contrapoder, que tiene la principal función de vigilar y denunciar, en caso necesario, a los poderes existentes en el campo político, económico, social, etc. No hay que olvidar que el poder lo primero que corrompe es a la información, porque sabe que utilizándola y poniéndola al servicio de sus intereses espurios, tiene controlada a la sociedad.
Y en tercer lugar, es absolutamente necesario rescatar el papel de los medios informativos en una democracia liberal. Es cierto que las sucesivas crisis económicas, la realidad de las tecnologías de la información y su fuerte desarrollo, han modificado sustancialmente su poder, difuminando su papel en el campo informativo. Es necesaria una vuelta a la existencia de los medios, con viejas o nuevas estructuras y dimensiones, pero que sirvan esencialmente para esa labor de intermediación perdida y como base de una actuación profesional reglada. Y en este campo, las normas jurídico-informativas tienen un importante rol para evitar la configuración de las plataformas digitales como únicas y verdaderas detentadoras del poder informativo, consiguiendo una articulación armoniosa con los medios informativos. En este punto se juegan mucho no solo los medios, sino la propia información. De no conseguirlo, se malograría la exigencia del pluralismo informativo, base de una democracia.
En definitiva, la finalidad última de estas posibles iniciativas, a las que sin duda se deberán unir otras muchas, tanto profesionales como legales, es conseguir que todos y cada uno de los ciudadanos reciban la información que siendo suya, realidad que se olvida en muchas ocasiones, se merecen y que les sirva para formarse una opinión personal real de los hechos. Con ello, medios y periodistas lo único que hacen, que no es poco, es ejercer el principio máximo de justicia, que, en el campo informativo, no es otro que dar a cada persona la información veraz, completa e inmediata, de la que es merecedor. De esta manera se cumplirá el deseo del autor citado en las primeras líneas de "cada persona humana sea fuente de inspiración de las iniciativas ordenadas a modificar la estructura del sistema informativo".
*José Ignacio Bel Mallén, periodista y doctor en Ciencias de la Información.
