menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El ocaso de la natalidad: políticas ineficientes, una sociedad transformada y una propuesta disruptiva

7 0
04.05.2026

Europa lleva medio siglo perfeccionando el arte de administrar su propia decadencia demográfica. No se trata de fatalismo, al contrario, sino de una paradoja que ningún libro de texto de políticas públicas ha sabido resolver satisfactoriamente.

Cuanto más sofisticados, generosos y políticamente ambiciosos son los marcos de apoyo a la natalidad (permisos parentales, guarderías subvencionadas, incentivos fiscales, planes de conciliación), más sistemáticamente se acerca Europa a una cifra que la condena: 1,34 hijos por mujer en el conjunto de la Unión Europea en 2024, una tasa que casi ha reducido a la mitad la de hace seis décadas, cuando se situaba en 2,62.

El Estado del bienestar construyó todas las condiciones para que nacer fuera menos costoso, y aun así los europeos decidieron, mayoritariamente, no hacerlo. Esa contradicción es el nudo central de cualquier análisis honesto sobre el futuro del continente. Y es también el contexto en que debe leerse la irrupción de voces como la del sociólogo noruego Mads Larsen, investigador de la Universidad de Oslo, cuya diagnosis ha comenzado a circular con inusitada velocidad entre académicos y comentaristas políticos.

Larsen no es un ideólogo de cabecera ni un agitador populista. Es, más bien, el síntoma de un vacío, el espacio intelectual que emerge cuando las soluciones convencionales han demostrado, durante décadas, su insuficiencia. La tesis de Larsen es incómoda precisamente porque no apela a los instrumentos habituales. No pide más guarderías ni mejores permisos de paternidad. Como explica en su reciente entrevista con Héctor García Barnés, el individualismo occidental es la condición estructural de la crisis reproductiva.

Para él, el cambio decisivo no fue legislativo ni económico, sino cultural. Ese momento en que las aspiraciones individuales, como la elección libre de pareja, la autonomía personal y la optimización del proyecto de vida, se convirtieron en el valor supremo de las sociedades occidentales. Tecnologías como las aplicaciones de citas han intensificado estas dinámicas, creando mercados relacionales que favorecen la postergación del compromiso y, con él, de la reproducción.

El resultado, según sus cálculos, es una contracción generacional sin precedentes. Donde hoy hay cien niños comenzando la escuela, dentro de tres generaciones podría haber cuatro. La demografía, concluye, no es un indicador económico más, sino una cuestión de supervivencia civilizatoria.

No es necesario suscribir íntegramente ese marco para reconocer que Larsen toca algo que las políticas........

© El Confidencial