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Cara y cruz de un expresidente que se vende a precio de mercado

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25.03.2026

Las insospechadas esquinas de la condición humana no permiten reducirlo todo a la estigmatización del expresidente o a su ingreso en el santoral de la reciente historia de España.

Ni lo uno ni lo otro.

Sale airoso en lo tangible, lo que se puede pesar y medir en un tribunal de justicia, una agencia tributaria, una investigación policial, en la cuenta de resultados de una empresa, en una agencia de verificación de datos, etc.

Ahí se estrellan ciertos infundios sobre el personaje. Se entiende su sentimiento de indefensión ante los bulos circulantes para desacreditarlo. Los que le atribuyen la propiedad de una mina de oro, el furtivo chivatazo previo sobre la detención policial de su amigo Julio Martínez, un inexistente vuelo "en Falcon" a la República Dominicana, o ser el cerebro de la financiación ilegal del PSOE. Todo eso lo desmintió Zapatero y, a mi juicio, estuvo creíble en su reciente paso por el diván de Alsina.

Por lo demás, cada uno se gana la vida (la suya y la de sus hijas) como quiere o como puede en la esfera privada, donde nadie tiene la obligación de ser ejemplar.

Las sombras aparecen en lo intangible.

Las perspectivas morales o políticas retratan a un antiguo servidor del Estado (lo público, el prioritario interés general, el servicio a los ciudadanos) que se vendió a precio de mercado después de renunciar a los principios de su profesión ideológica. En este caso, el socialismo democrático, que también es una fuente de valores.

No habría necesidad de proyectar esta mirada alternativa (la cruz del caso Zapatero) si el propio personaje no hubiera pregonado en su día que, al dejar la presidencia del Gobierno (finales de 2011), después de casi ocho años en la Moncloa, viviría en León con el sueldo que le correspondía como expresidente del Gobierno y miembro vitalicio del Consejo de Estado.

Entre los dos sueldos, unos 150.000 euros al año. No estaba mal, pero prefirió entrar en el más rentable mundo de la consultoría, por expreso requerimiento de su amigo, Julio Martínez (Análisis Relevante), su principal y casi único pagador desde 2020 en cantidades debidamente declaradas al fisco.

La perspectiva moral del caso Zapatero retrata a un antiguo servidor del Estado que renunció a los principios de su profesión ideológica

La operativa no tiene secretos. Zapatero hacía los informes, con la ayuda de Sergio Sánchez (un excolaborador del general Félix Sanz en el CNI), mientras que Martínez, en funciones de "comercial" de Zapatero, los revendía a empresas españolas con intereses en Venezuela y China.

Todo eso es lo tangible.

Más cuestionable es lo intangible. Hablo de los efectos colaterales de una renuncia a los principios. Se percibían, por ejemplo, en la sintonía con la dictadura chavista a la que Zapatero convencía para liberar a presos políticos encarcelados por el propio régimen; el agradecimiento a la banda terrorista ETA, en la persona de Arnaldo Otegi, porque tuvo la amabilidad de retirarnos la pistola de la sien; la inexplicable defensa de un golpista, como Carles Puigdemont; o su inesperado alineamiento con el sanchismo ("por sentimiento de partido", dice) a sabiendas de que la proximidad al poder mejoraría su venta a precio de mercado.


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