Resulta que el mundillo literario era maravilloso
Benjamín Prado tuvo un padre que ya quisieran muchos: un escolta de Franco. Es lo que más impresiona de los puntuales desvelamientos autobiográficos que se cuelan en sus memorias literarias, tituladas Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara) y donde repasa sus cuarenta años entregado a la poesía, la novela, la radio y la tele y hasta la composición musical. Es un libro de prosa bien llevada y que se lee con agrado.
Prado se hizo famoso en los años 90 como miembro de una generación de nuevos narradores que traían a nuestras letras ciertos estilismos anglosajones. Si el ídolo de Ray Loriga era David Bowie, el de Prado era Bob Dylan. Ambos gastaban chupa de cuero y se hacían fotos con Alberto García-Alix, con el que también iban de vacaciones a Formentera. Sus novias, de hecho, eran hermanas, las Rosenvinge, y ganaban premios que dejaban de existir después de que ellos los ganaran (Premio El Sitio de Bilbao) y donde siempre estaba el otro de jurado. La editorial que movía el cotarro, junto a Destino, era Plaza&Janés, al mando de Enrique Murillo.
Los jóvenes de entonces leíamos a Loriga y a Prado, a Etxebarria y a Mañas, a Bonilla y, realmente, a cualquiera que sólo nos sacara cinco o seis años. Benjamín Prado no alcanzó la fama de Loriga, pero su novela Raro (1995) estaba muy bien, y su poemario El corazón azul del alumbrado, de precioso título, traía autopistas y películas. Luego fue haciendo libros que no seguí, hasta acabar en estos últimos años en la novela policial, los casos de Juan Urbano, que es como acabar en la artesanía después de haberlo intentado con el arte.
Qué estoy haciendo aquí se presenta por tanto como un libro propicio a la memoria colectiva de una época literaria, época que va dibujándose gracias a libros como Personaje secundario (Trama), de Enrique Murillo, y cuya revisión indica, entre otras cosas, que ya vamos teniendo una edad y merece la pena constatar la vivido, y levantar algún testimonio que ayude a los futuros estudiosos de nuestra literatura.
Nunca hay........
