12.000 páginas después, los niños se fueron de casa
Doce mil y pico páginas después, los niños se fueron de casa. Los sufridos lectores de estas doce mil páginas lo estábamos esperando. Con cada nueva entrega de Salón de pasos perdidos, nos preguntábamos: ¿y esos hijos, no se van nunca de casa? Y no se iban. Eran dos. Quedaba uno en el hogar. Ahora, en De todo tiene, se ha ido. A lo mejor estábamos leyendo las doce mil páginas de este diario sólo con ese objetivo: ver al hijo dejar solos a sus padres.
Es el momento más dramático de todo el libro, lo cual indica que su autor, Andrés Trapiello, vive una vida aburrida y de manual, donde se envejece sin sobresaltos, se publica sin premios y se encuentra casa de alquiler para los chavales. Tiene suerte Trapiello de que no le pase nada impresionante, como un secuestro o un escaño por UPyD (fue candidato al Senado), y así su diario no se tuerce hacia la aventura, quedando cojo todo lo de antes y bizco todo lo de después, sino que es todo él, sus doce mil puñeteras páginas, pan del día y agua del grifo, un tenderete de la vida trivial donde se sirve al respetable tiempo embotellado, horas de costumbre.
Veinticinco veces nos ha contado Andrés Trapiello su vida, y en De todo tiene nos llega esa vida con quince años de retraso, pues glosa el año del Señor de 2011. Si le quitas el 15M y la muerte de Tomás Segovia, y el frenesí inútil de UPyD, queda la misma agua potable del año anterior y, a buen seguro, del año siguiente. Los diarios son siempre iguales, sus entregas, con arranques en enero, cierres en diciembre, visitas a la casa de Extremadura, viajes en verano a países europeos que pasan a ser prosa españolísima, y vicisitudes del mundo literario que no van más........
