¿Quién ha escrito la novela del millón de euros de dinero público?
Como su propio nombre indica (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), AENA tenía que dar un premio literario. Se lee en los aeropuertos, se lee en los aviones, se viaja en avión a ferias del libro al otro lado del Atlántico y encima "avión" rima con "camión" y "aeropuerto" con "helipuerto". Tanta lectura y tanta poesía demandaban de AENA una acción en favor de la literatura que pusiera el broche de oro a esta historia de amor aerostático.
Es que "piloto" rima con "bonoloto", y "sala vip" con "tengo un chip", y la palabra "aeropuerto" tiene su bonito sinónimo, "aeródromo". Como ven, estamos agotando los motivos por los que una empresa pública que gestiona decenas de aeropuertos tiene que agraciar a la mejor novela de 2025 con un millón de euros. Hay una cantidad de motivos apabullante.
El 17 de marzo se anunciarán los cinco finalistas de este premio, que puede incluir libros de cuentos. Se trata de obras publicadas el año pasado en lengua española, lo que expande esta lotería a escritores argentinos o colombianos. De cada libro finalista se comprarán cinco mil ejemplares; los cuatro que no ganen el millón, ganarán 30.000 euros.
El jurado está compuesto por escritores que, el año que viene, bien podrían ganar ellos mismos el premio AENA de Narrativa. A su lado, hay periodistas culturales de larga trayectoria vigilando todo el proceso. Y, por detrás, hay otros periodistas y escritores haciendo la criba de las candidaturas. Todo para que gane Javier Cercas con El loco de Dios en el fin del mundo (Random House).
El sentido de este premio aerotransportado parece ser fomentar la lectura; también se habrá incluido entre sus propósitos el de fomentar la escritura. Que más de un millón de euros de dinero público se regale a un puñado de escritores no veo yo por qué nos va a dar más ganas de leer. Ciertamente, pueden entrarte ganas de escribir si en el horizonte se divisa el despegue de cientos de miles de euros. Pero eso tampoco lo tengo tan claro, pues nadie que no haya ganado ya cientos de miles de euros con sus libros podrá nunca ganar el millón de euros de los aviones.
El jurado maneja ahora mismo una pregunta peligrosa: ¿qué novela de 2025 merece, de verdad merece, con el corazón merece un millón de euros de dinero público? La respuesta es inmediata: ninguna. Entonces la pregunta debe reformularse: ¿a quién le doy yo un millón de euros de dinero público? Y aquí la respuesta es obvia: a un amigo.
Nadie que no haya ganado ya cientos de miles de euros con sus libros podrá nunca ganar el millón de euros de los aviones
El premio AENA de Narrativa premia la amistad, y pagas tú.
Las obras literarias aparecidas en un año natural son minuciosamente consideradas a lo largo de esos meses y, sobre todo, al final del curso. Entre rankings de mejores libros del año, premios nacionales, premios Zenda y libros más vendidos, la cosa queda reducida a diez libros. Al crear un premio como el AENA, sólo uno de esos diez libros podría recibirlo. Todos los que participan en las labores decisorias del premio AENA han hecho exactamente lo mismo en el top de Babelia, de ABC Cultural o del premio Zenda. Por lo tanto, no pueden salir otros finalistas que los mismos de siempre: Cercas, Schewblin, Fernández Cubas, Pérez Reverte, Pilar Quintana, Sara Mesa, Juan Gabriel Vásquez y Héctor Abad Faciolince. A lo mejor entra Comerás flores, de Lucía Solla Sobral. No hay más.
Esto quiere decir que el premio AENA viene para provocar una desigualdad aún mayor en la sociedad estamental de los escritores. Miren si esto les suena socialista: el que más gana con los libros, ganará todavía más. Un millón de euros; o 30.000; 5.000 ejemplares vendidos más, o sea, otros 10.000 euros en royalties.
La pregunta debe reformularse: ¿a quién le doy yo un millón de euros de dinero público? Y aquí la respuesta es obvia: a un amigo
Javier Cercas ha vendido 130.000 ejemplares de El loco de Dios en el fin del mundo, y ya con Soldados de Salamina pudo ganar varios millones de euros. De sus novelas se hacen series cada semestre y películas cada trimestre. ¿Realmente le hace falta un premio aerodinámico de un millón de euros? ¿No le hizo el papa Francisco suficiente campaña de promoción, que se la tenemos que hacer también los contribuyentes?
La otra opción es más desconcertante, no se crean. La otra opción es premiar un libro del que usted no haya oído hablar, cuyas ventas no superen los mil o dos mil ejemplares, y que constituya una muestra (por eso mismo) particularmente fina de arte literario. Piensen por ejemplo en Gallos de poca casta (Alrevés), de Gloria Trinidad. Démosle un millón de euros a Gloria Trinidad, venga.
Entonces entraríamos en un escenario de vértigos y despresurizaciones, muy AENA todo. Porque Gloria al escribir su primera novela nunca soñó con una felicidad que fuera más allá de verse publicada, y quizá reseñada en un par de sitios. Para ganar un millón de euros con una novela tienes que vender 500.000 ejemplares. Por tanto, esta escritora, como la mayoría de los escritores, no se imagina que una desgracia semejante pueda acontecerle: la desgracia de que te den un millón de euros por escribir un libro en tu casa.
La otra opción es premiar un libro cuyas ventas no superen los dos mil ejemplares y que sea una muestra particularmente fina de arte literario
Eso desvía tu fortuna de las fortunas consabidas en el mundo editorial (ser traducido al francés, que alguien haga una peli, que una chica guapa lea tu libro: poco más), y nos lleva de la mano hacia la condenación de la lotería. Como saben, si un muerto de hambre gana la lotería, se arruina en tres o cuatro años y vuelve a ser tan pobre como era o, de hecho, mucho más, con el añadido de que nadie va a sentir ya pena por él, por imbécil. Un escritor de perfil humilde no sabe qué hacer con un millón de euros, sentirá que lo ha robado, sentirá que escribir carece de sentido, porque lo que él creía que tenía un valor (mil euros de adelanto) en realidad no vale nada: un millón de euros de puta casualidad. Creyendo fomentar la escritura, este millón de euros extermina cualquier deseo de escribir, como heredar un dineral de tus padres extermina cualquier deseo de trabajar.
Con todo, una visión peculiar de este obscenísimo premio sería dárselo a alguien que no tiene dinero, a un autor de unos 50 años que, después de décadas escribiendo y publicando, ve llegar una vejez absolutamente miserable. Entonces no sería un premio literario, sino un acto de pura caridad cristiana, lo cual ve uno casi mejor. Darle un millón de euros a un autor que nadie lee, pero todos valoramos (hay decenas de casos en España, que no citamos por pudor) simplemente para que no se muera de hambre.
Es un dilema curioso, muy Gombrowicz: dárselo a quien no lo necesita, o dárselo a quien lo necesita haciendo que todos esos que también lo necesitan se sientan aún más desgraciados. ¿Por qué a uno y no a otro?, diría Witold Gombrowicz.
Este millón de euros extermina cualquier deseo de escribir, como heredar un dineral de tus padres extermina cualquier deseo de trabajar
Pero lo previsible será un Javier Cercas o un Juan Gabriel Vásquez, o uno de los que nombramos más arriba, que volverán el año que viene y al siguiente (con otro puñado de autores: Aramburu, Vilas) a la selecta lotería clasista de este premio, la bonoloto de los ganadores de la bonoloto, los Reyes Magos de los niños que ya tuvieron Papá Noel, pero necesitan una Navidad permanente. Yo se lo daría a El principio del mundo (Alfaguara), de Jeremías Gamboa.
