Un sistema electoral que distorsiona extremadamente la voluntad popular
En abril hubo 36 listas con un millar de candidatos. De ellas, solo una sexta parte ingresó al Congreso. Unos 9,18 millones de votos se repartieron entre los seis partidos que obtuvieron bancadas. Dos de cada tres ciudadanos no sufragaron por ninguna de estas agrupaciones. Para todos aquellos que votaron por las 30 listas que quedaron excluidas, es como si hubieran tirado su papeleta electoral al tacho.
No conozco otro balotaje en el mundo en el cual, en la primera vuelta, el primer puesto haya obtenido el 14 % de los votos emitidos y el segundo menos del 10 %, por lo que, en la ronda final, más del 75 % de los votantes se vio obligado a votar no por su candidato favorito, sino contra la opción menos desfavorable. En las últimas cuatro elecciones presidenciales, el Perú ha quedado polarizado entre fujimoristas y antifujimoristas.
En Argentina, para evitar tal proliferación de siglas, se realizan las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en las que las organizaciones que no alcanzan un porcentaje mínimo quedan eliminadas y los distintos partidos pueden dirimir entre múltiples precandidatos. La izquierda, por ejemplo, suele terminar así con una sola lista. En el Perú ni siquiera hubo elecciones internas masivas como las que se realizan antes de las presidenciales en Estados Unidos o Colombia. Casi todas las candidaturas fueron designadas a dedo o en pequeños........
