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El desvío de caudales hídricos en Segovia amenaza el suministro de agua a medio plazo

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24.05.2026

El desvío de caudales hídricos en Segovia amenaza el suministro de agua a medio plazo

Enzo Vincenco, el policía francés que custodió Segovia por unas semanas

Un hombre resulta herido por arma blanca en el cuello en el Real Sitio de San Ildefonso

La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en una esponja invisible que absorbe ingentes cantidades de agua, día y noche, aquí y allá, sin descanso ni límites a la vista. La sed tecnológica alcanza una dimensión perturbadora y enfrenta los intereses de las megacorporaciones con las necesidades de las localidades afectadas por un consumo descontrolado de recursos hídricos. Los centros de datos que activan la IA constituyen un inmenso sumidero que chupa agua de calidad, amenazando los precarios equilibrios del líquido elemento en España. Las protestas se extienden ante el imparable uso del nuevo invento. Pilar Esquinas, presidenta de Aguaiuris, explica el delicado horizonte inmediato para Segovia ante el auge de la IA.

Las protestas contra los daños hídricos que causa la Inteligencia Artificial se extienden con creciente intensidad por el orbe. La alarma social ha dado un salto cualitativo el pasado abril, cuando un activista arrojó una bomba incendiaria contra la mansión de Sam Altman, el gran jefe de Open AI, uno de los protagonistas del negocio más pujante del siglo con su herramienta ChatGPT. El atacante fue detenido acto seguido, justo cuando se dirigía a las oficinas de la firma OpenAI con la intención de pegar fuego al edificio.

Puede observarse esta agresión como un hecho aislado, pero también como reflejo del rechazo a la IA que se extiende sin freno por doquier. Las encuestas lo expresan contundentemente: el 57% de los votantes en Estados Unidos opina que los riesgos de la IA superan sus beneficios, mientras que un 91% exige regulación. Más hechos aislados: comunidades rurales en Texas o Maine han bloqueado infraestructuras para frenar el gasto masivo de agua y energía; marcas de primera fila, como Dove, ya incorporan a su estrategia comercial el término “AI slop” (contenido digital de baja calidad generado por IA sin supervisión humana); protestas contra centros de datos en Malasia y Arizona, o rechazo local al proyecto Stratos, en Box Elder (Utah), cuyo consumo hídrico podría perjudicar al Gran Lago Salado. Lo mismo ha pasado en países como Uruguay y Chile ante los planes de las tecnológicas que pueden afectar al río Santa Lucía y a las comunidades locales.

Naciones Unidas, a través de su Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud (UNU-INWEH), apunta que “el planeta ha entrado en la era de la bancarrota hídrica global” y advierte de los crecientes riesgos ante los nuevos usos de recurso tan limitado como necesario. UNU-INWEH advierte de que los conceptos habituales (“estrés hídrico” o “crisis hídrica”) ya no reflejan suficientemente la realidad de muchos lugares en el mundo, donde las pérdidas de capital hídrico natural son irreversibles y no hay forma de recuperar los niveles anteriores. Como escribe Eduardo Martínez de la Fe (Futuribles), “la infraestructura de la IA está creciendo más rápido que los mecanismos democráticos diseñados para gobernarla, tal como pasó a principios del siglo XIX con la Revolución Industrial”.

El agua que se traga la IA se utiliza ante todo para refrigerar los centros de datos y entrenar sus modelos operativos. El proceso de transformar H2O en datos sobre las pantallas provoca graves problemas ambientales y acelera gravemente al agotamiento de los recursos en zonas con problemas hídricos. Cabe recordar que desde Europa se señala el elevado estrés hídrico de España y consideran que el riesgo de desertización afecta al 74% del territorio de nuestro país.

La proliferación de los centros de datos modifica los paisajes y transforma sus zonas de asentamiento. Son habitualmente enormes superficies con hangares refrigerados y repletos de servidores que se dedican a procesar miles de millones de cálculos complejos. Esos cacharros se calientan mucho cuando atienden las consultas de la IA, llamadas prompt, generando temperaturas extremas que deben disiparse. En eso se gasta el agua, muchísima agua. La lucha de las grandes tecnológicas (OpenAI, Anthropic, Google, NVIDIA y Meta) contra el sobrecalentamiento de esos centros consume millones de litros de agua potable. Y esto es solo el principio. La Unesco prevé que el consumo de agua por parte de Google, Microsoft y Meta se triplicará el año que viene. O sea, ya mismo.

La pregunta oportuna es saber cuánta agua se consume al usar la IA, teniendo en cuenta que son mil millones de personas las que usan diariamente esta nueva frontera informática. Hay pluralidad de respuestas. Conviene advertir que el mayor impacto social y revuelvo mediático sobre esta cuestión procede del libro El Imperio de la IA (2025), publicado por Karen Hao. En sus páginas criticó la política extractiva de las grandes corporaciones y el desmesurado consumo de agua de la IA, calculando que un solo centro de datos podía consumir mil veces más agua que una ciudad de 88.000 habitantes. Pero el dato era erróneo. No se llega a esa barbaridad. La investigadora reconoció que la equivocación procede de la información que recibió desde el Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Chile (SMAPA), centrada en el consumo total de agua en Cerrillos y Maipu, localidades que utilizó para su........

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