La ITV
Fiestas patronales del Real Sitio
Cada año por estas fechas tengo que ir al polígono de Valverde a pasar la ITV de mi coche. Aunque me duele porque hay que llevar previamente el coche al taller para una puesta a punto, desplazarse, esperar pacientemente y pagar algo más de sesenta euros, reconozco que no me desagrada y que hasta me vuelvo satisfecho.
Me siento orgulloso de haber adivinado dónde se encienden los faros antiniebla, de haber sabido abrir el capó y de, a pesar del nerviosismo, no haber confundido el acelerador con el embrague. La satifacción es plena porque aunque tenga tantos años, el coche está muy bien y me voy con mi pegatina tan satisfecho. Me da la impresión de que a los propios trabajadores les alegra darme la buena noticia de que el coche y yo hemos estado a la altura. Porque a mí, que eso de cambiar cualquier cosa me cuesta un montón, me da un subidón el no tener que cambiar de coche. Por eso me irrita que los teléfonos solo duren tres o cuatro años. Y me duele que se empeñen en hacer la vida imposible a estos coches a los que, en buena lógica, habría que hacer un monumento porque........
