El dólar, por descarte
En enero, el año parecía bien dibujado. El crecimiento se estabilizaba, la inflación se había moderado lo suficiente para permitir recortes de tipos y la política fiscal se volvía más expansiva, con Alemania tirando de Europa. Con bolsas relativamente más baratas, el inversor global parecía dispuesto a girar hacia Europa. En EE.UU., en cambio, se acumulaban motivos para la cautela: un desarme institucional, un déficit y una deuda que no dejaban de crecer y una Reserva Federal bajo presión política. En ese escenario, el dólar tenía poco a su favor. Ya entonces hacíamos dos advertencias: la expansión fiscal empujaría al alza las rentabilidades de los bonos y la geopolítica concentraba el riesgo extremo, con amenaza de cortes de suministro y más inflación.
La guerra de Irán convirtió ese riesgo extremo en escenario central y, al volverse crónica, cambió las reglas del juego.........
