Tristes, tristes
En un cuarto de luna cabe todo nuestro mundo, aunque algo innato nos induzca a desearla llena. Cabe el episodio en el que nos quedamos dormidos; bueno, en realidad, si la plataforma en cuestión se olvidara del detalle de preguntarnos si seguimos ahí, cabría la serie entera, sus siete u ocho temporadas, y otra serie más que saltaría de manera aleatoria para acompañarnos durante el sueño. Cabe el primer café de la mañana, el primer vistazo a la calle vacía, el primer ladrido de un día que todavía no parece enterarse de qué va la cosa y que podría, perfectamente, dejarnos pensar que estamos en otro día, en uno de asueto y con todas sus horas por delante para disfrutar del campo o de la playa. Cabe un adiós, siempre cabe un adiós que no encierra nada definitivo ni determinante y que se complementa con distintos mensajes que te acercan a un “¿Cómo te ha ido? ¿Demasiado cansada, demasiado cansado?”. Caben los compañeros, el jefe o jefes tocacojones,........
