Todo lo demás es humo
Hacía un mes que no me ponía un cigarro en la boca. Se lo había prometido a alguien. En alguna parte había leído que esa clase de compromisos servían para construir una suerte de dique anti fracaso y se lo había prometido a alguien que hoy, sin querer, me devuelve una promesa rota. Alguien importante que —también sin querer— se había hecho ilusiones. Ilusiones así, en plural, como esa bandada de pájaros que, de pronto, cruza el cielo sin una intención clara de dirigirse a un sitio concreto. Un mes con treinta logros y miles de renuncias que, pese a que una extraña ansiedad me inducía a vivir corriendo, parecía haberse quedado varado en el día 1.
Una noche, hacia la mitad de ese camino o de ese calvario —así lo vivía—, alguien me preguntó cómo lo llevaba y, sin dudarlo, le respondí que bien para que alguien —ese alguien—, pudiera verme alguna vez como Hércules. Y funcionó, porque rauda, también sin dudarlo, alguien respondió entonces que se sentía orgullosa, orgullosa como la madre........
