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El dilema del patriota

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30.03.2026

En el ajedrez de la política, existen momentos donde se convierten en una prueba de fuego para el carácter y el legado. Las ultimas encuestas dan una sentencia de realidad que el candidato Abelardo debe leer con la frialdad de quien dice amar a Colombia.

La tendencia es, a estas alturas, irreversible. Mientras la candidatura de Paloma experimenta la tendencia del ascenso, la propuesta de Abelardo ha entrado en la tendencia de la baja. Por otro lado, el estancamiento de Cepeda tambien es claro. El dato más revelador proviene de las proyecciones de Polymarket, que sitúan a Paloma y Cepeda en un empate técnico del 41%, dejando a Abelardo en un distante 17%. Para una persona que irrumpio en la escena pública bajo la premisa de ser el «salvador de la nación»,  el 17% no es una plataforma de victoria; La política rara vez premia la terquedad, pero suele inmortalizar la generosidad estratégica. Si su narrativa de anteponer los intereses de la patria a las ambiciones personales es genuina, el camino lógico no es la resistencia estéril, sino la adhesión estratégica. Unirse a la campaña de Paloma en este preciso instante no sería un signo de debilidad, sino un golpe de autoridad moral. Al hacerlo, Abelardo no solo consolidaría una mayoría imbatible que destrabaría el empate con Cepeda, sino que sellaría su salida por la «puerta grande». Se transformaría, ante los ojos de la historia, en el arquitecto de la unidad, en el hombre que sacrificó su aspiración individual para garantizar la viabilidad del proyecto nacional que Paloma hoy encabeza con mayor opcion. Continuar en la contienda hasta el final, solo para confirmar ese 17% que vaticinan los mercados de predicción, sería una derrota doble. No solo perdería la elección, sino que perdería el relato. Quedaría retratado como el candidato que, pudiendo asegurar el futuro de Colombia, prefirió el naufragio de su propia vanidad. En politología, el «momento de salida» es tan crucial como el de entrada. Abelardo tiene hoy la llave de la gobernabilidad y la oportunidad de ser recordado como el gran patriota que supo leer los tiempos. El reloj de la historia no espera a quienes se quedan atrapados en el espejo de sus vanidades. ¿Prevalecerá el ego o el patriota?


© Diario del Huila