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Iván y Aída: liderazgos para profundizar la democracia en Colombia

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14.03.2026

Por: María del Carmen Jiménez

Durante décadas, la discusión en este país ha girado en torno a una pregunta central: ¿Cómo ampliar efectivamente la participación política y representación social en un país marcado por profundas desigualdades, conflictos territoriales y exclusión histórica? La convergencia política entre Iván Cepeda Castro y Aída Quilcué es una respuesta significativa porque articula dos liderazgos que, aunque difieren en su origen, comparten un objetivo común: profundizar la democracia colombiana como proceso histórico que permita ampliar la representación política, fortalecer el Estado social de Derecho, reconocer la diversidad social y cultural del país.

 La conjunción de estos liderazgos fortalece una visión de democracia que no se limita a la competencia y el cálculo electoral, sino que propugna por la protección de la vida, la dignidad, los derechos fundamentales del pueblo, y la continuidad de los cambios que solo serán posibles en un segundo gobierno progresista.   

Son dos trayectorias complementarias de liderazgo democrático. El trabajo político de Iván Cepeda ha estado orientado a la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de verdad y justicia para las victimas del conflicto armado y el fortalecimiento de mecanismos democráticos dentro del Estado. Su compromiso con la memoria y la justicia ha sido uno de los ejes centrales y se constituye en elemento esencial para fortalecer la legitimidad democrática. Su historia de vida y ejercicio político están impregnados de coherencia y ética en la acción parlamentaria, en el debate público, en el apoyo al fortalecimiento de las organizaciones sociales y la búsqueda de la paz como bien superior.

Aida Quilcué, surge del ámbito de los movimientos sociales y de las luchas territoriales del movimiento indígena. Su liderazgo se ha forjado en procesos organizativos comunitarios vinculados a la defensa del territorio, la autonomía cultural y los derechos colectivos de los pueblos indígenas y de todas las formas de organización social basadas en la comunidad y la deliberación colectiva.  Esta conexión de liderazgos permite la articulación entre democracia Institucional y democracia social.  

A diferencia de las y los políticos tradicionales oportunistas, Iván elige su formula vicepresidencial, como expresión de una alianza programática, no de una coalición clientelar. Esto es una señal de renovación política y de reversión simbólica de la inclusión paternalista.   Eligió   una lideresa indígena no como un gesto de “generosidad, misericordia o solidaridad” como lo planteó en su discurso de inscripción, sino para reconocer su cultura, sus principios éticos, la historia de resistencia y organización indígena en defensa de la vida, el territorio y la madre tierra que es nuestra casa común. Eligió a una mujer que “ha resistido con serenidad, templanza y humildad el peso de esas luchas” una mujer con gran liderazgo moral más que confrontacional. Una mujer que encarna la diversidad política del país, que sabe dialogar y tender puentes como él para avanzar hacia la convivencia en medio de las diferencias. 

Aún el poder moderno reproduce jerarquías coloniales, que estigmatizan y, desconocen legados culturales de los pueblos originarios. Por eso, cuando el candidato presidencial Iván Cepeda Castro   afirma que los pueblos indígenas no deben agradecer sino que el país debe agradecerles, realiza una inversión simbólica de esa jerarquía. Esto introduce una idea implícita: reconocer su pluralidad civilizatoria. La candidatura de Aida Quilcué es un gesto también de descolonización política.


© Diario del Huila