Alcaldes buenos y alcaldes malos: el respeto al opita
Por: Johan Steed Ortiz Fernández
¿Cómo se le rinde homenaje a la gente de una ciudad? No con placas, ni con frases bonitas, ni con videos editados para que parezca que “vamos en un 70%”. El verdadero homenaje es más simple, y más difícil: gobernar sin maltratar al ciudadano. Tratarlo como adulto. Con empatía, con resultados, con respeto.
Neiva no está pidiendo milagros. Pide lo básico, pero bien hecho. Pide que no le cobren nuevas sobretasas “por seguridad” mientras la inseguridad se mide en nombres propios y en familias rotas. Pide que los huecos no se “maquillen” con el ahorro de un ingeniero que tapa como si estuviera arreglando una gotera en su casa, cuando en la vía lo que se juega es la vida. Pide que no bloqueen barrios y corredores clave complicándole el día a la gente trabajadora para luego presentar la foto como si el caos fuera un logro logístico.
Y aquí viene el contraste que duele: mire a La Plata. Allá el alcalde Camilo Ospina Martínez gobierna en un contexto más complejo, con presiones diarias mucho más duras, y aun así se le ve en el territorio: gestionando, empujando, resolviendo con lo que tiene. No es un superhéroe en redes; es una autoridad local cuidando un municipio que no tiene el músculo de una capital. La Plata es categoría 6; Neiva es categoría 1. Eso, en castellano, significa que Neiva tiene una chequera, una estructura y unas capacidades institucionales muy superiores. Y, sin embargo, la sensación es que La Plata se mueve más… y Neiva se queda contando “cositas” aisladas.
Hay........
