Lo absurdo en medio del absurdo
Por: Hugo Fernando Cabrera OchoaHay algo profundamente extraño en nuestra forma de vivir la política y la sociedad: nos quejamos de los mismos problemas, denunciamos los mismos abusos, lamentamos las mismas injusticias… y, sin embargo, seguimos produciendo exactamente las mismas decisiones que los mantienen vivos.Tal vez por eso una pregunta sigue rondando con insistencia:¿en dónde habita la verdad en medio de este inmenso mundo de mentiras?¿Hacia dónde debemos dirigirnos para encontrar un camino que realmente nos conduzca hacia aquello que decimos buscar, pero que pareciera escaparse siempre de nuestras manos?Quizá preguntas similares se formuló Albert Camus antes de concluir que el absurdo surge del choque entre la necesidad humana de encontrar sentido y el silencio indiferente del universo.El problema es que los seres humanos vivimos atrapados entre lo que soñamos y lo que hacemos.Soñamos con sociedades más justas, con gobiernos más honestos, con instituciones más dignas. Pero cuando llega el momento de actuar, terminamos eligiendo caminos que conducen exactamente al lugar del que queríamos salir.Nos indignamos frente al poder, pero lo alimentamos.Criticamos a quienes gobiernan, pero seguimos entregándoles el poder.Denunciamos la desigualdad, pero toleramos las estructuras que la producen.Y así ocurre una paradoja profundamente humana: ciudadanos que, presionados por sus propias necesidades, terminan inclinándose ante quienes administran un poder que en realidad proviene de ellos mismos.Se resignan entonces a recoger las migajas que caen de la mesa del poder.Pero olvidan algo elemental: el pan del que algunos se jactan no nació en esa mesa.Ese pan fue elaborado con el trigo que los humildes sembraron, cuidaron y cosecharon.Todo esto resulta profundamente absurdo.Pero quizá lo más inquietante es que no se trata de un absurdo impuesto por el universo, sino de un absurdo que nosotros mismos producimos.La historia lo ha contado muchas veces. Y la mitología también. En el relato del condenado Sísifo, el personaje empuja una enorme roca hasta la cima de una montaña solo para verla rodar nuevamente cuesta abajo, obligándolo a repetir eternamente el mismo esfuerzo.A veces pareciera que nuestras sociedades hacen exactamente lo mismo.Empujamos la roca de la esperanza hasta la cima de cada elección, de cada cambio prometido, de cada nuevo liderazgo. Pero una y otra vez la dejamos rodar cuesta abajo, para luego preguntarnos por qué seguimos en el mismo lugar.Nos quejamos porque nos gobiernan los mismos.Pero elegimos a los mismos.Soñamos con un país distinto.Pero repetimos las decisiones que garantizan que nada cambie.Tal vez por eso el verdadero problema no sea el absurdo del universo.Tal vez el verdadero absurdo seamos nosotros.
