El triunfo invisible de la doctrina de Álvaro Uribe
El análisis político superficial, prisionero del estrépito y de las verdades inmediatas, suele caer con facilidad en la trampa del marcador del día. Tras las recientes justas, abundan los exégetas de la mediatez que se apresuran a decretar el ocaso de una era y la supuesta derrota del expresidente Álvaro Uribe Vélez, usando como frágil partitura el repliegue de Paloma Valencia, sin tener en cuenta que una indeterminada porción de Uribistas, María Fernanda Cabal, por ejemplo, ya estaban en las toldas de Abelardo de La Espriella. Nada más alejado de la agudeza que requiere la lectura del poder; quienes leen la realidad con la urgencia del viento suelen olvidar que las huellas más profundas no se borran del camino con la primera tormenta.
Para entender la política con luces largas y habitando el detalle, hay que saber distinguir entre el curso caprichoso de una candidatura y la victoria estructural de un modelo de Estado. Seguramente la anterior reflexión puede sugerir la equivocación de quienes diagnostican un Uribe «perdedor». Revisemos la cartografía de la representación popular que dejó marzo: el Centro Democrático se erigió, con el peso incontrastable de los datos, como la segunda fuerza política del Senado de la........
