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El año que Colombia vendió más y perdió más

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Cuando un caficultor cierra una buena cosecha hace las cuentas de lo que vendió. Pocas veces calcula en un 100% lo que gastó para vender. Hay casos en los que incluso no hacen las cuentas, no porque desconozcan las cifras de su inversión, sino porque saben que si cruzan números la celebración se les complica.

Algo parecido le está pasando al país. En Colombia cerramos el 2025 superando por primera vez los cincuenta mil millones de dólares en exportaciones, una gran noticia para el país y para quienes trabajamos en comercio exterior. En el Huila aportamos lo nuestro para ese logro. Ponemos la mayor producción de café exportable del país. Cacao de fino aroma que se va para las chocolaterías europeas, tilapia que se rapan en Canadá y que lidera las exportaciones pesqueras nacionales con casi el 45% del total del sector, entre otras materias primas. Para nuestra región, al igual que para el país, hay razones reales para sentirse orgullo de este récord en ventas al exterior.

Pero revisando las cifras de Analdex, me sorprendí al encontrar que a pesar de esto, el déficit comercial cerró el mismo 2025 en USD 16.337 millones. El mayor déficit en 30 años, 51,5% más que en 2024. Si exportamos más que nunca, ¿cómo es que el déficit es mayor? Pareciera ilógico. Y es que las exportaciones e importaciones crecieron, pero las importaciones lo hicieron más fuerte. Así que la brecha en realidad no se cerró, sino que se abrió más. Ese es el big picture.

Miraba los números de nuestra relación comercial con China y analizaba el déficit bilateral que tiene Colombia de USD 16.508 millones, una cifra que supera el déficit total del país con el resto del mundo combinado.

Colombia le compra a China mucho pero le vende poco. Y si bien en esta época China es el proveedor mundial por excelencia, países como Brasil o Chile también han sabido venderle al proveedor. De China nosotros traemos maquinaria, electrónica, insumos, manufacturas, etc. Cosas que por alguna razón nuestro país no produce, o que produce pero a un costo donde no puede competir.

Eso me parece irónico. Colombia produce un café que le gana premios internacionales como el café suave de mayor calidad a nivel mundial. Somos el tercer proveedor mundial. Producimos un cacao que los europeos pagan a precio de joya para transformarlo en Suiza, Alemania y Bélgica. Un aguacate que se vuelve protagonista en el SuperBowl. Flores adornando todas las floristerías de lujo del mundo. Y pese a todo esto, seguimos importando más de lo que exportamos, con una aceleración en importaciones que no tiene precedentes en tres décadas.

Las dos cosas están pasando al mismo tiempo. Exportamos más e importamos más. Y el problema es que se habla mucho de la primera vendiéndola como un logro país, pero se habla muy pasito de la segunda. Y es que no es algo que un gobierno quiera ventilar porque al final quien es el que al final paga ese desbalance es el pueblo. ¿Por qué? Porque si nuestro país gasta más de lo que gana importando más que exportando, tarde o temprano el pueblo es el que cuadra ese desbalance con más impuestos, empleos perdidos y precios más altos.

Mientras no exista una política fuerte de inversión que conecte el dinamismo exportador del agro con el fomento de capacidades industriales locales, seguiremos creciendo en lo que ya sabemos hacer bien, que es comprometer nuestro valor, y dependiendo de otros en lo que aún no sabemos hacer. Lo que vuelve exponencial nuestro desbalance.

La reflexión que me surge, y que quiero compartir con el lector, es si Colombia realmente quiere ser un país que solo exporta materias primas al precio que el mercado ese día le quiera reconocer, o un país que además busque transformar, fabricar y potenciar sus exportaciones dejando más valor de la cadena en el país.  

Con el aroma de un café 100% colombiano, los saludo,

Santiago Ospina López


© Diario del Huila