Unidad para Proteger la Vida: El Camino hacia la reconciliación
Carlos Yepes A.
Colombia vuelve a llorar un magnicidio. La muerte de Miguel Uribe joven, padre, servidor público, nos devuelve a una página que el país prometió no volver a abrir. En Huila, donde sabemos de ausencias y de cicatrices, este dolor nos obliga a algo más que a la indignación de unos días: nos llama a un acuerdo para vivir mejor para que la política nunca más se escriba con sangre.
Miguel Uribe representaba a una generación que se atrevió a decir cosas incómodas con convicción y, muchas veces, con esperanza. Repetía, con razón, que “todos queremos paz, pero la paz no es impunidad”; que la seguridad y la justicia son condición de la convivencia, no su negación. También defendía que “contener el crimen no es lo mismo que construir paz”: detrás de la fuerza legítima del Estado tiene que llegar la inversión social, la escuela abierta, el empleo digno. En ese contraste, orden y oportunidades, hay un punto de encuentro que Colombia no puede seguir aplazando.
Décadas atrás, Álvaro Gómez Hurtado, él mismo víctima de la violencia, nos propuso un “acuerdo sobre lo fundamental”. No era una consigna vacía: era la invitación a ponernos de acuerdo en lo que hace posible cualquier desacuerdo. Hoy, frente a otro crimen que golpea la democracia, ese acuerdo tiene que volver a la mesa con nombres propios y tareas concretas. Si algo nos enseña esta tragedia es que la vida es el primer fundamento. Sin garantías para ejercer la política, sin respeto por el........
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