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Salud de San Isidoro

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12 de abril 2026 - 03:10

Hablamos de cultura sin prejuicios? Una escultura extraordinaria fechada en la primera mitad del XVI, el primer siglo de oro sevillano, coetánea de Pedro de Campaña, Luis de Vargas, Torrigiano, Juan Bautista Vázquez, Fernando de Herrera, Hernán Ruiz o Cristóbal de Morales. Una hermandad del XVII, el segundo siglo de oro sevillano, coetánea de Roelas –cuyo magnífico Tránsito de San Isidoro preside la parroquia en la que esta imagen recibe culto–, Velázquez, Zurbarán, Montañés o Mesa. Un ajuar que reúne parte de lo mejor que se ha bordado, tallado o labrado desde el XVIII. Una sede que fue una de las fundaciones fernandinas en 1248, dando nombre a la collación.

Es la Virgen de la Salud de San Isidoro. La patrona de un barrio que se resiste a dejar de serlo y halla en ella, como en la Hermandad de las Tres Caídas con la que comparte templo desde 1668, un testigo de su historia y una valedora de su resistencia a diluirse en la marea que está convirtiendo el corazón del centro histórico en un parque temático. Estamos hablando de historia, arte y cultura en las más exigentes acepciones de estas palabras. Y además de memoria y vida cotidiana.

Con acierto la Virgen de la Salud ha sido elegida por el joven pintor malagueño Rafael Muñoz Granados para el cartel que anuncia las Glorias. Una lograda obra de la que podrían aprender algunos de quienes hacen los de Semana Santa. Porque da protagonismo absoluto a la imagen, perfectamente interpretada y representada, que es y debe ser la protagonista absoluta de estas celebraciones penitenciales y gloriosas. Quizás quienes no conozcan esta talla extraordinaria reparen en ella si el cartel tiene la difusión necesaria. Y con ello, de paso, en el inmenso tesoro histórico y artístico, además de devocional, que atesoran las hermandades de gloria que atravesaron momentos muy difíciles en la segunda mitad del siglo pasado. La de la Salud, por ejemplo, tan importante durante tantos siglos, tuvo que suspender su salida procesional entre 1959 y 1980, reanudándose en 1981 tras presidir el pregón de las Glorias.

Se escribe mucho sobre las hermandades de penitencia como símbolos, y en algunos casos anual resurrección, de los barrios. Y es cierto. Pero su memoria más entrañablemente íntima está preservada en las de gloria.

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