Inventario de emociones
05 de abril 2026 - 03:10
Misa del Azahar en San Antonio Abad, besamanos del Nazareno de la O y besapiés del Cachorro en calle Castilla, besamanos de la Alegría en San Bartolomé. Todo terminó. Todo empieza. Pongo el cartel de los comercios antiguos: “Cerrado por inventario”. ¿Qué queda en mi almacén de las emociones? No lo único, pero sí lo primero, Amargura, Esperanza Macarena y Gran Poder en besamanos. Las dos cofradías son lo que son. Y no se puede ser más. El Señor en besamanos es la prueba definitiva de que, pese a tantas cosas, sigue vivo todo lo que algunos queremos decir cuando decimos Semana Santa de Sevilla. Hay 26 cofradías en las calles del Domingo de Ramos al Martes Santo. Pero ni un solo instante, 12 horas cada día, decae el paso de los sevillanos ante el Señor desde el Sábado de Pasión, ni dejan de estar llenos los bancos de la Basílica.
Viendo a los devotos pasar ante Él pensaba que no basta llamarle Señor de Sevilla. Demasiado general. Es el Señor de cada calle de cada barrio, de cada bloque de cada calle, de cada piso de cada bloque. Tampoco basta decir devotos. Demasiado impersonal. Es el Señor de cada persona que pasa ante Él, con su nombre y sus apellidos, su historia, sus recuerdos, sus sentimientos, sus alegrías y sus pesares. Dios solo sabe contar hasta uno. El Gran Poder, como su más cierta imagen, solo tiene un devoto, y un devoto, y un devoto, y un devoto… Así hasta sumar los miles que del sábado al martes pasaron ante Él. Y los miles que lo vieron en la Madrugada. Y los muchos más miles que tienen su imagen en sus casas, que lo ven en su Basílica todos los días y todos los viernes del año, recitando con sus miradas el salmo: “Sobre ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.
En estos días de larga luz dorada, en los meses de fuego que nos aguardan, en las tardes oscuras y breves en las que la lluvia repica en la plaza, en las mañanas de cristal frío de enero, Él estará allí. Siempre. Nunca solo. Abierta su casa muchas horas todos los días gracias a su Hermandad. Grande es su besamanos. Grande es su caminar en la Madrugada. Pero mucho más grande es su estar en el altar todo el año en guardia de almas, día tras día. Lo escribí una vez: en San Lorenzo todos los días son viernes y todos los viernes son santos.
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