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De águilas y sotanas

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10.04.2026

10 de abril 2026 - 03:07

La historia –“ciencia de los hombres en el tiempo” según el gran Marc Bloch– es compleja y el relato es simple. La primera desmiente al segundo. Pero el segundo penetra socialmente más porque la mayoría prefiere lo simple a lo complejo. “La historia complica nuestro conocimiento del pasado; la conmemoración lo simplifica, puesto que su objetivo más frecuente es procurarnos ídolos para venerar y enemigos para aborrecer”, escribe Todorov en Memoria del mal, tentación del bien. Sufrimos la manipulación de la historia bajo el franquismo, que impuso su relato creando ídolos que venerar y enemigos que aborrecer. La historia de la Segunda República y la Guerra Civil se escribía fuera y la publicaba Ruedo Ibérico en París, caso de la obra pionera de Hugh Thomas en 1961.

También hoy se pretende imponer el relato a la historia, cambiando las posiciones de lo venerado y lo aborrecido. Afortunadamente estamos en democracia y no hay censura que impida el trabajo de los historiadores. Desafortunadamente, son más quienes dan credibilidad a la simplificación del relato inspirado por estrategias políticas oportunistas y difundido por los medios afines que al rigor de la historia, cuyas obras tienen menor difusión y exigen mayor esfuerzo. No se quiere complicar el pasado.

Viene todo al caso de la publicación de El águila y la sotana (Ático de los Libros) del catedrático de Historia Contemporánea Julián Chaves, que aborda con rigor documentado la compleja cuestión del papel de la Iglesia en el primer franquismo (1939-1945). Además del conocido apoyo mutuo que dio lugar al nacionalcatolicismo, se documentan y estudian las tensiones entre algunos obispos y Franco, y entre la Iglesia y la Falange, desde los cinco obispos que no firmaron la carta colectiva apoyando el golpe a los encontronazos entre el cardenal Segura y el dictador. “El Vaticano –ha dicho Chaves– veía con recelo el totalitarismo de Hitler… Si en España se instalaba un régimen totalitario, remedo del que había en Alemania o Italia, la Iglesia tendría un problema”. La Iglesia fue uno de los apoyos más fuertes del franquismo, por supuesto. Pero también, ayudada por la deriva de la guerra mundial y la caída de Serrano Suñer, una barrera integrista contra la modernidad nazi-fascista. Un mal menor.

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