Del "no a la guerra" al sí a la fragata
El ataque de EEUU e Israel a la dictadura teocrática de Irán se ha transformado en días en toda una guerra regional que afecta ya a más de una docena de países y cuyo escenario bélico se extiende con la velocidad de los incendios forestales en pleno agosto. La flecha de este conflicto atraviesa todas las capas de la cebolla de la actualidad: del plano internacional al nacional y también al puramente local.
Una guerra a la que falta explicación. El presidente Trump no ha explicado todavía con claridad las razones para atacar a Irán sin ningún tipo de cobertura en la legalidad internacional ni incluso interna. Pero lo ha hecho en una demostración más de su concepción del poder como un bien personal de libre disposición. ¿Lo hace para eliminar el peligroso programa atómico de Irán? ¿Para deshacerse del gran enemigo de sus aliados, Israel y Arabia Saudí? ¿Para detener la expansión de China? ¿Para controlar su petróleo, como en Venezuela? ¿Para eliminar su sangrienta dictadura? ¿De todo un poco? Lo único evidente que es que el presidente de EEUU ha lanzado todo su poder militar sobre Irán con una decisión personal y ahora exige a todos sus aliados de la OTAN fidelidad y que le sigan sin rechistar. Y además amenaza con claridad a quien no le siga el paso. En el caso de España, amenaza con un embargo comercial por negar el uso de las bases conjuntas de Morón y Rota para la operación en Irán.
Una estrategia partidaria y personal. ¿La respuesta del presidente Sánchez? Primero, rechazar las amenazas. Con toda la razón. Somos un país pequeño pero soberano. Nadie nos puede exigir dónde estar sin nuestro consentimiento. Pero, claro, luego ha ido mucho más allá. Ha visto la oportunidad de abrir a toda velocidad su campaña electoral. Ante un Trump convertido con sus palabras en el matón del patio del colegio, Sánchez ha respondido con el no a la guerra, el eslogan de la izquierda de hace dos décadas contra la guerra de Irak. El ocupante de La Moncloa, siempre hábil para aprovechar los momentos, ha encontrado en el choque con Trump un elemento para movilizar al alicaído electorado socialista y de izquierdas. Una buena idea si hablamos desde el punto de vista partidista y puramente personal para él. Una pésima idea pensando en el país y sus necesidades.
El margen para una posición crítica. Es posible marcar una postura crítica ante Trump, sin servilismo, pero exige no ir por libre. Exige contar con nuestros socios de la UE y la OTAN, para no dejarlos en un incómodo lugar y devaluar más nuestra posición internacional. Exige no envolverse en banderas ideológicas y hacer política de Estado, buscando el acuerdo con el PP (es descorazonador que sigan sin hablarse). Exige pensar en las consecuencias económicas para el país antes de hablar para que la sangre no llegue al río, no sólo para buscar el aplauso fácil. Se llama responsabilidad. ¿Hay alguien en España que esté a favor de la guerra? Claro que no. Pero la realidad es mucho más compleja. España no puede ponerse de perfil. Estamos en el bando de Occidente. Tenemos militares en Turquía, con una batería de misiles Patriot que ayudó a localizar un misil derribado luego por EEUU. Militares en el Líbano, pillados por la ofensiva israelí. Sánchez, ríase usted de las piruetas dialécticas, ha aceptado dos días después desplazar una fragata española hasta Chipre para contribuir a la defensa de la isla (un país de la UE que no de la OTAN). Ahora estamos señalados por EEUU y, a la vez, corriendo riesgos en la zona de guerra.
Y los ecos más cercanos. Esta tormenta geopolítica mundial no sólo se ve en las televisión. También aterriza en lo más local. Son puñados de navarros atrapados todavía en los países de conflicto. El precio de la gasolina que sube entre nosotros con una rapidez sospechosa y el temor a consecuencias económicas, también. Más en una comunidad con una economía tan abierta, industrial y exportadora, siempre muy sensible a los cortes de suministros. El dinero ahorrado en bolsa de miles de navarros que ha menguado un 7% en una semana por la guerra. Todo dependerá de la duración y la escalada del conflicto, que sigue en clara expansión. Y, por supuesto, aterriza en la política. Alguien en La Moncloa seguro que tiene la calculadora electoral sobre la mesa para ver si el no a la guerra crea una ventana de oportunidad para el PSOE a nivel nacional y se plantea adelantar las generales de 2027. Y Navarra, todavía tiene este mes la rendija abierta para sumarse (si la hubiera) a una convocatoria electoral anticipada. ¿Improbable? Sí. ¿Imposible? No.
