El mundo ya no es predecible (y nunca lo fue)
Poco a poco, casi sin enterarnos, estamos llegando al final del año. Es un momento en el que intentamos ordenar lo vivido y proyectar lo que vendrá. Pero cada vez resulta más difícil hacerlo con la sensación de que controlamos algo. El mundo se mueve a un ritmo desconcertante y, aunque muchas de esas dinámicas parecen lejanas, terminan condicionando nuestra realidad cotidiana. Vemos guerras que reconfiguran alianzas, tensión y polarización políticas en aumento, transformaciones tecnológicas aceleradas y una economía que ya no responde a los patrones conocidos. Incertidumbre es la palabra que mejor define el momento actual. No es una percepción subjetiva exagerada. Las guerras en Ucrania y en Gaza han devuelto la geopolítica al centro del escenario. Estados Unidos y China compiten por la primacía tecnológica y militar. Europa busca cómo sostener su sistema de bienestar en un entorno de bajo crecimiento y alta dependencia exterior. La inflación reapareció cuando menos se esperaba, y los tipos de interés siguen altos. El mercado laboral cambia, de la mano de la tecnología, a un ritmo que desorienta a empresas y trabajadores. A todo ello se suman la transición energética, las tensiones migratorias y los efectos visibles del cambio climático.
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Ya ven, estamos ante un paisaje en el que lo excepcional se ha vuelto cotidiano. Esa inestabilidad política y económica se filtra también en lo personal. Decisiones que antes........
