"Uno asiste, entre impávido y escandalizado, a las informaciones, autos, informes y registros"
Leíamos a Arthur Conan Doyle y a su inmortal Sherlock Holmes. Aquella literatura detectivesca se asentaba en el optimismo: el mundo era un enigma que la razón podía resolver. Un crimen sería resuelto como la equis de una ecuación matemática. De ahí la frase apócrifa: “Elemental, querido Watson”. El crimen era una jugada de ajedrez al que una mente privilegiada podía dar jaque mate.
Agatha Christie siguió el modelo entre tazas de té y pastas. El mundo viajaba en un tren cómodo........
